II.— LA VIDA NUEVA EN CRISTO (4,1—6,17)
Unidad y pluralismo en el amor


1
Así pues, yo, prisionero por amor al Señor, les exhorto a que lleven una vida en consonancia con el llamamiento que han recibido.
2
Sean humildes, amables, comprensivos.
Sopórtense unos a otros con amor.
3
No ahorren esfuerzos para consolidar, con ataduras de paz, la unidad, que es fruto del Espíritu.
4
Uno solo es el cuerpo y uno solo el Espíritu, como una es la esperanza a la que han sido llamados.
5
Sólo hay un Señor, sólo una fe, sólo un bautismo.
6
Sólo un Dios, que es Padre de todos, que todo lo domina, por medio de todos actúa y en todos vive.
7
Cada uno de nosotros ha recibido el don en la medida en que Cristo ha tenido a bien otorgárnoslo.
8
Por eso dice la Escritura:
Al subir a lo alto,
llevó consigo prisioneros
y repartió dones a los seres humanos.
9
Si “subió”, como dice, ¿no supone que previamente había bajado a lo profundo de la tierra?
10
El mismo que bajó es el que ha subido a lo más alto de los cielos a fin de llenar con su presencia el universo.
11
Él es quien a unos ha hecho apóstoles;
a otros, profetas;
a otros, anunciadores del mensaje evangélico;
a otros, encargados de dirigir y enseñar a los fieles.
12
Capacita así a los creyentes para que desempeñen su ministerio y construyan el cuerpo de Cristo
13
hasta que todos alcancemos la unidad propia de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios;
hasta que seamos personas cabales;
hasta que alcancemos, en madurez y plenitud, la talla de Cristo.
14
Dejemos, pues, de ser niños zarandeados por las olas y arrastrados a la deriva por cualquier doctrina seductora, a merced de esa gente maestra en las artimañas del error.
15
Vivamos, en cambio, con autenticidad en el amor y esforcémonos por crecer en todo, puesta la mira en aquel que es la cabeza: Cristo.
16
Él es quien hace que el cuerpo entero, bien ensamblado y unido mediante el conjunto de ligamentos que lo alimentan según la actividad propia de cada miembro, vaya creciendo como tal cuerpo de modo que se construya a sí mismo en el amor.


Personas nuevas en Cristo

17
Esto es, pues, lo que les digo y recomiendo en nombre del Señor: ¡No se comporten más como los paganos, dejándose llevar por sus criterios sin consistencia!
18
Ellos tienen la inteligencia embotada y viven lejos de Dios, por cuanto son ignorantes y duros de corazón.
19
Han perdido el sentido del bien y se han entregado al vicio y a toda suerte de impureza y de avaricia.
20
¡Pero no es eso lo que ustedes han aprendido sobre Cristo!
21
Porque sin duda les han hablado de él y, en conformidad con la auténtica doctrina de Jesús, se les ha enseñado como cristianos
22
a renunciar a la antigua conducta, a la vieja condición humana corrompida por la seducción del placer.
23
Así que den lugar a la renovación espiritual de la mente
24
y revístanse de la nueva criatura, creada a imagen de Dios en orden a una vida verdaderamente recta y santa.


Exigencias de la vida nueva

25
Así que destierren la mentira y que cada uno sea sincero con su prójimo ya que somos miembros los unos de los otros.
26
Si alguna vez se enojan, que el enojo no llegue hasta el punto de pecar, ni que les dure más allá de la puesta del sol.
27
Y no den al diablo oportunidad alguna.
28
Si alguno robaba, no robe más, sino que se esfuerce trabajando honradamente con sus propias manos para que pueda ayudar al que está necesitado.
29
No empleen palabras groseras;
usen un lenguaje útil, constructivo y oportuno, capaz de hacer el bien a los que los escuchan.
30
No causen tristeza al Espíritu Santo de Dios, que es en ustedes como un sello que los distinguirá en el día de la liberación.
31
Nada de acritud, rencor, ira, voces destempladas, injurias o cualquier otra suerte de maldad;
destierren todo eso.
32
Sean, en cambio, bondadosos y compasivos los unos con los otros, perdonándose mutuamente como Dios los ha perdonado por medio de Cristo.