David conquista Rabá

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En cierta ocasión, durante la primavera, que es cuando los reyes acostumbran salir a campaña, Joab organizó una expedición y arrasó el territorio amonita.
Avanzó, rodeó a Rabá y la atacó hasta dejarla en ruinas.
Mientras tanto, David se quedó en Jerusalén.
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Después David tomó de la cabeza de su rey la corona de oro, que tenía piedras preciosas, y encontró que pesaba treinta y tres kilos;
y se la pusieron a David.
También sacó David de la ciudad muchísimas cosas de valor,
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y a la gente que aún quedaba en la ciudad la sacó de allí y la puso a trabajar con sierras, trillos de hierro y hachas.
Lo mismo hizo David con todas las ciudades amonitas, y después regresó con todas sus tropas a Jerusalén.


Peleas contra gigantes

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Después hubo una batalla con los filisteos en Guézer.
En aquella ocasión, Sibecai el de Husá mató y humilló a Sipai, que era descendiente de los gigantes.
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Y en otra batalla que hubo contra los filisteos, Elhanán, hijo de Jaír, mató a Lahmí, hermano de Goliat el de Gat, cuya lanza tenía el asta tan grande como el rodillo de un telar.
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En Gat hubo otra batalla.
Había allí un hombre de gran estatura, que tenía veinticuatro dedos: seis en cada mano y seis en cada pie.
Era también descendiente de los gigantes,
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pero desafió a Israel y lo mató Jonatán, hijo de Simá, el hermano de David.
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Estos gigantes eran descendientes de Réfah, el de Gat, pero cayeron a manos de David y de sus oficiales.