2.
La fe, raíz del amor


1
Todo el que tiene fe en que Jesús es el Mesías, es hijo de Dios;
y el que ama a un padre, ama también a los hijos de ese padre.
2
Cuando amamos a Dios y hacemos lo que él manda, sabemos que amamos también a los hijos de Dios.
3
El amar a Dios consiste en obedecer sus mandamientos;
y sus mandamientos no son una carga,
4
porque todo el que es hijo de Dios vence al mundo.
Y nuestra fe nos ha dado la victoria sobre el mundo.
5
El que cree que Jesús es el Hijo de Dios, vence al mundo.
6
La venida de Jesucristo quedó señalada con agua y sangre;
no sólo con agua, sino con agua y sangre.
El Espíritu mismo es testigo de esto, y el Espíritu es la verdad.
7
Tres son los testigos:
8
el Espíritu, el agua y la sangre;
y los tres están de acuerdo.
9
Aceptamos el testimonio de los hombres, pero el testimonio de Dios es de mucho más valor, porque consiste en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo.
10
El que cree en el Hijo de Dios, lleva este testimonio en su propio corazón;
el que no cree en Dios, lo hace aparecer como mentiroso, porque no cree en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo.
11
Este testimonio es que Dios nos ha dado vida eterna, y que esta vida está en su Hijo.
12
El que tiene al Hijo de Dios, tiene también esta vida;
pero el que no tiene al Hijo de Dios, no la tiene.
13
Les escribo esto a ustedes que creen en el Hijo de Dios, para que sepan que tienen vida eterna.
14
Tenemos confianza en Dios, porque sabemos que si le pedimos algo conforme a su voluntad, él nos oye.
15
Y así como sabemos que Dios oye nuestras oraciones, también sabemos que ya tenemos lo que le hemos pedido.
16
Si alguno ve que su hermano está cometiendo un pecado que no lleva a la muerte, debe orar, y Dios dará vida al hermano, si se trata de un pecado que no lleva a la muerte.
Hay un pecado que lleva a la muerte, y por ese pecado no digo que se deba orar.
17
Toda maldad es pecado;
pero hay pecado que no lleva a la muerte.
18
Sabemos que el que tiene a Dios como Padre, no sigue pecando, porque el Hijo de Dios lo cuida, y el maligno no lo toca.
19
Sabemos que somos de Dios y que el mundo entero está bajo el poder del maligno.
20
Sabemos también que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado entendimiento para conocer al Dios verdadero.
Vivimos unidos al que es verdadero, es decir, a su Hijo Jesucristo.
Éste es el Dios verdadero y la vida eterna.
21
Hijitos, cuídense de los dioses falsos.