- Servidores de una nueva alianza
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- Cuando decimos esto, ¿les parece que estamos comenzando otra vez a alabarnos a nosotros mismos? ¿O acaso tendremos que presentarles o pedirles a ustedes cartas de recomendación, como hacen algunos?
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- Ustedes mismos son la única carta de recomendación que necesitamos: una carta escrita en nuestro corazón, la cual todos conocen y pueden leer.
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- Y se ve claramente que ustedes son una carta escrita por Cristo mismo y entregada por nosotros;
una carta que no ha sido escrita con tinta, sino con el Espíritu del Dios viviente; una carta que no ha sido grabada en tablas de piedra, sino en corazones humanos.
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- Confiados en Dios por medio de Cristo, estamos seguros de esto.
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- No es que nosotros mismos estemos capacitados para considerar algo como nuestro;
al contrario, todo lo que podemos hacer viene de Dios,
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- pues él nos ha capacitado para ser servidores de una nueva alianza, basada no en una ley, sino en la acción del Espíritu.
La ley condena a muerte, pero el Espíritu de Dios da vida.
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- Si la promulgación de una ley que llevaba a la muerte y que estaba grabada sobre tablas de piedra se hizo con tanta gloria que los israelitas ni siquiera podían mirar la cara de Moisés, debido a que ese resplandor destinado a desaparecer era tan grande,
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- ¡cuánta más será la gloria del anuncio de una nueva alianza fundada en el Espíritu!
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- Es decir, que si fue tan gloriosa la promulgación de una ley que sirvió para condenarnos, ¡cuánto más glorioso será el anuncio de que Dios nos hace justos!
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- Porque la gloria anterior ya no es nada en comparación con esto, que es mucho más glorioso.
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- Y si fue glorioso lo que había de terminar por desaparecer, mucho más glorioso será lo que permanece para siempre.
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- Precisamente porque tenemos esta esperanza, hablamos con toda libertad.
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- No hacemos como Moisés, que se tapaba la cara con un velo para que los israelitas no vieran el fin de aquello que estaba destinado a desaparecer.
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- Pero ellos se negaron a entender esto, y todavía ahora, cuando leen la antigua alianza, ese mismo velo les impide entender, pues no les ha sido quitado, porque solamente se quita por medio de Cristo.
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- Hasta el día de hoy, cuando leen los libros de Moisés, un velo cubre su entendimiento.
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- Pero cuando una persona se vuelve al Señor, el velo se le quita.
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- Porque el Señor es el Espíritu;
y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.
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- Por eso, todos nosotros, ya sin el velo que nos cubría la cara, somos como un espejo que refleja la gloria del Señor, y vamos transformándonos en su imagen misma, porque cada vez tenemos más de su gloria, y esto por la acción del Señor, que es el Espíritu.
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