- Ya no somos esclavos sino hijos
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- Lo que quiero decir es esto: Mientras el heredero es menor de edad, en nada se diferencia de un esclavo de la familia, aunque sea en realidad el dueño de todo.
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- Hay personas que lo cuidan y que se encargan de sus asuntos, hasta el tiempo que su padre haya señalado.
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- Lo mismo pasa con nosotros: cuando éramos menores de edad, estábamos sometidos a los poderes que dominan este mundo.
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- Pero cuando se cumplió el tiempo, Dios envió a su Hijo, que nació de una mujer, sometido a la ley de Moisés,
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- para rescatarnos a los que estábamos bajo esa ley y concedernos gozar de los derechos de hijos de Dios.
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- Y porque ya somos sus hijos, Dios mandó el Espíritu de su Hijo a nuestros corazones;
y el Espíritu clama: «¡Abbá! ¡Padre!»
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- Así pues, tú ya no eres esclavo, sino hijo de Dios;
y por ser hijo suyo, es voluntad de Dios que seas también su heredero.
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- Antes, cuando ustedes no conocían a Dios, eran esclavos de seres que en realidad no son dioses.
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- Pero ahora que ustedes han conocido a Dios, o mejor dicho, ahora que Dios los ha conocido a ustedes, ¿cómo es posible que vuelvan a someterse a esos débiles y pobres poderes, y a hacerse sus esclavos?
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- Ustedes celebran ciertos días, meses, fechas y años…
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- ¡Mucho me temo que mi trabajo entre ustedes no haya servido de nada!
Recuerdos personales
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- Hermanos, les ruego: sean como yo, porque yo me he vuelto como ustedes.
No es que me hayan causado ustedes ningún daño.
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- Como ya saben, cuando primero les prediqué el evangelio lo hice debido a una enfermedad que sufría.
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- Y esa enfermedad fue una prueba para ustedes, que no me despreciaron ni me rechazaron a causa de ella, sino que, al contrario, me recibieron como a un ángel de Dios, ¡como si se tratara del mismo Cristo Jesús!
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- ¿Qué pasó con aquella alegría que sentían? Puedo decir en favor de ustedes que, de haberles sido posible, hasta se habrían sacado los ojos para dármelos a mí.
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- Y ahora, ¿acaso me he vuelto enemigo de ustedes, solamente porque les he dicho la verdad?
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- Esa gente tiene mucho interés en ustedes, pero no son buenas sus intenciones.
Lo que quieren es apartarlos de nosotros, para que luego ustedes se interesen por ellos.
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- Claro que es bueno interesarse por los demás, pero con buenas intenciones;
y que sea siempre, y no solamente cuando estoy entre ustedes.
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- Hijos míos, otra vez sufro dolores de parto, hasta que Cristo se forme en ustedes.
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- ¡Ojalá estuviera yo ahí ahora mismo para hablarles de otra manera, pues no sé qué pensar de ustedes!
Lo que simbolizan Agar y Sara
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- Díganme una cosa, ustedes, los que quieren someterse a la ley: ¿Acaso no han escuchado lo que la ley dice?
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- Pues dice que Abraham tuvo dos hijos: uno de una esclava, y el otro de su propia esposa, que era libre.
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- El hijo de la esclava nació de modo puramente humano;
pero el hijo de la libre nació para que se cumpliera lo que Dios había prometido.
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- Esto tiene un sentido simbólico;
las dos mujeres representan dos alianzas: una es la del monte Sinaí, y está representada por Agar, que fue la madre del que habría de ser esclavo.
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- Pues Agar representa el monte Sinaí, en Arabia, que corresponde a la actual Jerusalén, ya que esta ciudad está sometida a esclavitud junto con sus hijos.
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- Pero la Jerusalén celestial es libre, y nosotros somos hijos suyos.
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- Porque la Escritura dice:
«Alégrate, mujer estéril, tú que no tienes hijos; grita de alegría, tú que no conoces los dolores de parto. Porque la mujer que fue abandonada tendrá más hijos que la mujer que tiene esposo.»
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- Hermanos, ustedes son como Isaac: son los hijos que Dios había prometido.
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- Pero así como en aquel tiempo el hijo que nació de modo puramente humano perseguía al hijo que nació por obra del Espíritu, así sucede también ahora.
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- Pero ¿qué dice la Escritura? Pues dice: «Echa fuera a la esclava y a su hijo, porque el hijo de la esclava no puede compartir la herencia con el hijo de la libre.»
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- De manera, hermanos, que no somos hijos de la esclava, sino de la libre.
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