Job

1-2
Una vez más mis quejas son amargas
porque Dios ha descargado su mano sobre mí.
3
¡Ojalá supiera yo dónde encontrarlo,
y cómo llegar a donde vive!
4
Presentaría ante él mi caso,
pues me sobran argumentos.
5
¡Ya sabría cómo responder
a lo que él me contestara!
6
Pero él no usaría la fuerza como argumento,
sino que me escucharía
7
y reconocería que tengo la razón;
me declararía inocente,
¡me dejaría libre para siempre!
8
Pero busco a Dios en el oriente, y no está allí;
lo busco en el occidente, y no lo encuentro.
9
Me dirijo al norte, y no lo veo;
me vuelvo al sur, y no lo percibo.
10
Él conoce cada uno de mis pasos;
puesto a prueba, saldré puro como el oro.
11
Yo siempre he seguido sin desviarme
el camino que él me ha señalado.
12
Siempre he cumplido sus leyes y mandatos,
y no mi propia voluntad.
13
Cuando él decide realizar algo, lo realiza;
nada le hace cambiar de parecer.
14
Lo que él ha dispuesto hacer conmigo, eso hará,
junto con otras cosas semejantes.
15
Por eso le tengo miedo;
sólo el pensarlo me llena de terror.
16
Dios, el Todopoderoso,
me tiene acobardado.
17
¡Ojala la noche me hiciera desaparecer
y me envolviera la oscuridad!