Job reconoce la sabiduría de Dios
Job


1-2
Yo sé que tú lo puedes todo
y que no hay nada que no puedas realizar.
3
¿Quién soy yo para dudar de tu providencia,
mostrando así mi ignorancia?
Yo estaba hablando de cosas que no entiendo,
cosas tan maravillosas que no las puedo comprender.
4
Tú me dijiste: «Escucha, que quiero hablarte;
respóndeme a estas preguntas
5
Hasta ahora, sólo de oídas te conocía,
pero ahora te veo con mis propios ojos.
6
Por eso me retracto arrepentido,
sentado en el polvo y la ceniza.


Dios devuelve la prosperidad a Job

7
Después que el Señor dijo estas cosas a Job, dijo también a Elifaz: «Estoy muy enojado contigo y con tus dos amigos, porque no dijeron la verdad acerca de mí, como lo hizo mi siervo Job.
8
Tomen ahora siete toros y siete carneros y vayan a ver a mi siervo Job, y ofrézcanlos como holocausto por ustedes.
Mi siervo Job orará por ustedes, y yo aceptaré su oración y no les haré ningún daño, aunque se lo merecen por no haber dicho la verdad acerca de mí, como lo hizo mi siervo Job.»
9
Elifaz, Bildad y Sofar fueron e hicieron lo que el Señor les ordenó, y el Señor aceptó la oración de Job.
10
Después que Job oró por sus amigos, Dios le devolvió su prosperidad anterior, y aun le dio dos veces más de lo que antes tenía.
11
Entonces fueron a visitarlo todos sus hermanos, hermanas y amigos, y todos sus antiguos conocidos, y en su compañía celebraron un banquete en su casa.
Le ofrecieron sus condolencias y lo consolaron por todas las calamidades que el Señor le había enviado, y cada uno de ellos le dio una cantidad de dinero y un anillo de oro.
12
Dios bendijo a Job en sus últimos años más abundantemente que en los anteriores.
Llegó a tener catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas.
13
También tuvo catorce hijos y tres hijas.
14
A la mayor la llamó Jemimá, a la segunda, Quesiá y a la tercera, Queren-hapuc.
15
No había en todo el mundo mujeres tan bonitas como las hijas de Job.
Su padre las hizo herederas de sus bienes, junto con sus hermanos.
16-17
Después de esto, Job vivió ciento cuarenta años, y murió a una edad muy avanzada, llegando a ver a sus hijos, nietos, bisnietos y tataranietos.