- Jesús denuncia a los fariseos y a los maestros de la ley
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- Después de esto, Jesús dijo a la gente y a sus discípulos:
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- «Los maestros de la ley y los fariseos enseñan con la autoridad que viene de Moisés.
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- Por lo tanto, obedézcanlos ustedes y hagan todo lo que les digan;
pero no sigan su ejemplo, porque ellos dicen una cosa y hacen otra.
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- Atan cargas tan pesadas que es imposible soportarlas, y las echan sobre los hombros de los demás, mientras que ellos mismos no quieren tocarlas ni siquiera con un dedo.
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- Todo lo hacen para que la gente los vea.
Les gusta llevar en la frente y en los brazos porciones de las Escrituras escritas en anchas tiras, y ponerse ropas con grandes borlas.
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- Quieren tener los mejores lugares en las comidas y los asientos de honor en las sinagogas,
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- y desean que la gente los salude con todo respeto en la calle y que los llame maestros.
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- »Pero ustedes no deben pretender que la gente los llame maestros, porque todos ustedes son hermanos y tienen solamente un Maestro.
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- Y no llamen ustedes padre a nadie en la tierra, porque tienen solamente un Padre: el que está en el cielo.
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- Ni deben pretender que los llamen guías, porque Cristo es su único Guía.
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- El más grande entre ustedes debe servir a los demás.
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- Porque el que a sí mismo se engrandece, será humillado;
y el que se humilla, será engrandecido.
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- »¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas!, que cierran la puerta del reino de los cielos para que otros no entren.
Y ni ustedes mismos entran, ni dejan entrar a los que quieren hacerlo.
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- »¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas!, que recorren tierra y mar para ganar un adepto, y cuando lo han logrado, hacen de él una persona dos veces más merecedora del infierno que ustedes mismos.
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- »¡Ay de ustedes, guías ciegos!, que dicen: “Quien hace una promesa jurando por el templo, no se compromete a nada;
pero si jura por el oro del templo, entonces sí queda comprometido.”
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- ¡Tontos y ciegos! ¿Qué es más importante: el oro, o el templo por cuya causa el oro queda consagrado?
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- También dicen ustedes: “Quien hace una promesa jurando por el altar, no se compromete a nada;
pero si jura por la ofrenda que está sobre el altar, entonces sí queda comprometido.”
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- ¡Ciegos! ¿Qué es más importante: la ofrenda, o el altar por cuya causa la ofrenda queda consagrada?
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- El que jura por el altar, no está jurando solamente por el altar, sino también por todo lo que hay encima;
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- y el que jura por el templo, no está jurando solamente por el templo, sino también por Dios, que vive allí.
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- Y el que jura por el cielo, está jurando por el trono de Dios, y a la vez por Dios, que se sienta en él.
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- »¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas!, que separan para Dios la décima parte de la menta, del anís y del comino, pero no hacen caso de las enseñanzas más importantes de la ley, que son la justicia, la misericordia y la fidelidad.
Esto es lo que deben hacer, sin dejar de hacer lo otro.
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- ¡Ustedes, guías ciegos, cuelan el mosquito, pero se tragan el camello!
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- »¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas!, que limpian por fuera el vaso y el plato, pero no les importa llenarlos con el robo y la avaricia.
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- ¡Fariseo ciego: primero limpia por dentro el vaso, y así quedará limpio también por fuera!
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- »¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas!, que son como sepulcros blanqueados, bien arreglados por fuera, pero llenos por dentro de huesos de muertos y de toda clase de impureza.
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- Así son ustedes: por fuera aparentan ser gente honrada, pero por dentro están llenos de hipocresía y de maldad.
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- »¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas!, que construyen los sepulcros de los profetas y adornan los monumentos de los justos,
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- y luego dicen: “Si nosotros hubiéramos vivido en tiempos de nuestros antepasados, no habríamos tomado parte en la muerte de los profetas.”
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- Ya con esto, ustedes mismos reconocen que son descendientes de los que mataron a los profetas.
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- ¡Terminen de hacer, pues, lo que sus antepasados comenzaron!
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- »¡Serpientes! ¡Raza de víboras! ¿Cómo van a escapar del castigo del infierno?
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- Por esto yo les voy a enviar profetas, sabios y maestros.
Pero ustedes matarán y crucificarán a algunos de ellos, y a otros los golpearán en las sinagogas y los perseguirán de pueblo en pueblo.
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- Así que sobre ustedes caerá el castigo por toda la sangre inocente que ha sido derramada desde Abel el justo hasta Zacarías, hijo de Berequías, a quien ustedes mataron entre el santuario y el altar.
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- Les aseguro que el castigo por todo esto caerá sobre la gente de hoy.
Jesús llora por Jerusalén
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- »¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los mensajeros que Dios te envía! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus pollitos bajo las alas, pero no quisiste!
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- Pues miren, el hogar de ustedes va a quedar abandonado;
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- y les digo que, a partir de este momento, no volverán a verme hasta que digan: “¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!”»
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