- El Señor promete carne a los israelitas
- 1
- Un día los israelitas se pusieron a murmurar contra el Señor debido a las dificultades por las que estaban pasando.
Al oírlos, el Señor se enojó mucho y les envió un fuego que incendió los alrededores del campamento.
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- El pueblo gritó pidiendo ayuda a Moisés, y Moisés rogó al Señor por ellos.
Entonces el fuego se apagó.
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- Por eso aquel lugar se llamó Taberá, porque allí el fuego del Señor ardió contra ellos.
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- Entre los israelitas se había mezclado gente de toda clase, que sólo pensaba en comer.
Y los israelitas, dejándose llevar por ellos, se pusieron a llorar y a decir: «¡Ojalá tuviéramos carne para comer!
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- ¡Cómo nos viene a la memoria el pescado que comíamos gratis en Egipto! Y también comíamos pepinos, melones, puerros, cebollas y ajos.
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- Pero ahora nos estamos muriendo de hambre, y no se ve otra cosa que maná.»
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- (El maná era parecido a la semilla del cilantro;
tenía un color amarillento, como el de la resina,
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- y sabía a tortas de harina con aceite.
La gente salía a recogerlo, y luego lo molían o machacaban, y lo cocinaban o lo preparaban en forma de panes.
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- Por la noche, cuando caía el rocío sobre el campamento, caía también el maná.)
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- Moisés oyó que los israelitas y sus familiares lloraban a la entrada de sus tiendas.
El Señor estaba muy enojado. Y Moisés también se disgustó,
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- y le dijo al Señor:
—¿Por qué me tratas mal a mí, que soy tu siervo? ¿Qué tienes contra mí, que me has hecho cargar con este pueblo?
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- ¿Acaso soy yo su padre o su madre para que me pidas que los lleve en brazos, como a niños de pecho, hasta el país que prometiste a sus antepasados?
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- ¿De dónde voy a sacar carne para dar de comer a toda esta gente? Vienen llorando a decirme: “Danos carne para comer.”
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- Yo no puedo ya encargarme de llevar solo a todo este pueblo;
es una carga demasiado pesada para mí.
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- Si vas a seguir tratándome así, mejor quítame la vida, si es que de veras me estimas.
Así no tendré que verme en tantas dificultades.
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- Pero el Señor le contestó:
—Reúneme a setenta ancianos israelitas, de los que sepas que tienen autoridad entre el pueblo, y tráelos a la tienda del encuentro y que esperen allí contigo.
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- Yo bajaré y hablaré allí contigo, y tomaré una parte del espíritu que tú tienes y se la daré a ellos para que te ayuden a sobrellevar a este pueblo.
Así no estarás solo.
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- Luego manda al pueblo que se purifique para mañana, y comerán carne.
Ya los he oído llorar y decir: “¡Ojalá tuviéramos carne para comer! ¡Estábamos mejor en Egipto!” Pues bien, yo les voy a dar carne para que coman,
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- y no sólo un día o dos, ni cinco o diez o veinte.
No.
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- Comerán carne durante todo un mes, hasta que les salga por las narices y les dé asco, porque me han rechazado a mí, el Señor, que estoy en medio de ellos, y han llorado y han dicho ante mí: “¿Para qué salimos de Egipto?”
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- Entonces Moisés respondió:
—El pueblo que viene conmigo es de seiscientos mil hombres de a pie, ¿y dices que nos vas a dar a comer carne durante un mes entero?
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- ¿Dónde hay tantas ovejas y vacas que se puedan matar y que alcancen para todos? Aun si les diéramos todo el pescado del mar, no les alcanzaría.
- 23
- Pero el Señor le contestó:
—¿Crees que es tan pequeño mi poder? Ahora vas a ver si se cumple o no lo que he dicho.
Setenta ancianos hablan como profetas
- 24
- Moisés salió y contó al pueblo lo que el Señor le había dicho, y reunió a setenta ancianos israelitas y los colocó alrededor de la tienda.
- 25
- Entonces el Señor bajó en la nube y habló con Moisés;
luego tomó una parte del espíritu que Moisés tenía y se lo dio a los setenta ancianos. En cuanto el espíritu reposó sobre ellos, comenzaron a hablar como profetas; pero esto no volvió a repetirse.
- 26
- Dos hombres, el uno llamado Eldad y el otro Medad, habían sido escogidos entre los setenta, pero no fueron a la tienda sino que se quedaron en el campamento.
Sin embargo, también sobre ellos reposó el espíritu, y comenzaron a hablar como profetas en el campamento.
- 27
- Entonces un muchacho fue corriendo a decirle a Moisés:
—¡Eldad y Medad están hablando como profetas en el campamento!
- 28
- Entonces Josué, hijo de Nun, que desde joven era ayudante de Moisés, dijo:
—¡Señor mío, Moisés, prohíbeles que lo hagan!
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- Pero Moisés le contestó:
—¿Ya estás celoso por mí? ¡Ojalá el Señor le diera su espíritu a todo su pueblo, y todos fueran profetas!
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- Entonces Moisés y los ancianos de Israel volvieron al campamento.
El Señor envía codornices
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- El Señor hizo que soplara del mar un viento que trajo bandadas de codornices, las cuales cayeron en el campamento y sus alrededores, cubriendo una distancia de hasta un día de camino alrededor del campamento, y formando un tendido de casi un metro de altura.
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- Todo ese día y toda la noche y todo el día siguiente la gente estuvo recogiendo codornices.
El que menos recogió, recogió diez montones de codornices, que pusieron a secar en los alrededores del campamento.
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- Pero apenas estaban masticando los israelitas la carne de las codornices, cuando el Señor se enfureció contra ellos y los castigó, haciendo morir a mucha gente.
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- Por eso le pusieron a ese lugar el nombre de Quibrot-hataavá, porque allí enterraron a los que sólo pensaban en comer.
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- De Quibrot-hataavá siguió el pueblo su camino hasta Haserot, y allí se quedó.
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