María y Aarón critican a Moisés

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María y Aarón empezaron a hablar mal de Moisés, porque éste se había casado con una mujer etiope.
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Además dijeron: «El Señor no ha hablado solamente con Moisés;
también ha hablado con nosotros.» Y el Señor lo oyó.
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En realidad, Moisés era el hombre más humilde del mundo.
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Por eso el Señor les dijo a Moisés, Aarón y María: «Vayan ustedes tres a la tienda del encuentro
Los tres fueron allá.
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Entonces el Señor bajó en una espesa nube y se colocó a la entrada de la tienda;
luego llamó a Aarón y a María, y cuando ellos se presentaron
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el Señor les dijo: «Escuchen esto que les voy a decir: Cuando hay entre ustedes un profeta de mi parte, yo me comunico con él en visiones y le hablo en sueños;
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pero con mi siervo Moisés no lo hago así.
Él es el más fiel de todos mis siervos,
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y con él hablo cara a cara y en un lenguaje claro.
Y si él me ve cara a cara, ¿cómo se atreven ustedes a hablar mal de él?»
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El Señor se enojó mucho con ellos, y se fue.
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Y en cuanto la nube se alejó de la tienda, María se puso leprosa, con la piel toda blanca.
Cuando Aarón se volvió para mirar a María, y vio que estaba leprosa,
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le dijo a Moisés: «Por favor, mi señor, no nos castigues por este pecado que tontamente hemos cometido.
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No permitas que ella quede como una criatura muerta antes de nacer, que sale con la piel medio deshecha
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Entonces Moisés suplicó al Señor: «Por favor, oh Dios, te ruego que la sanes
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Y el Señor le respondió: «Si su padre le escupiera en la cara, quedaría deshonrada durante siete días.
Pues entonces, que la echen fuera del campamento durante siete días, y después podrá volver
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Y así María fue echada fuera del campamento durante siete días.
Mientras tanto, el pueblo no se movió de allí.
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En cuanto María se reunió con ellos, se pusieron en camino desde Haserot, y acamparon en el desierto de Parán.