- Oración pidiendo la ayuda de Dios
(1) Del maestro de coro. Poema de los hijos de Coré.
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- (2) Oh Dios,
hemos oído con nuestros oídos, y nuestros padres nos han contado lo que tú hiciste en sus días, en aquellos tiempos pasados:
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- (3) con tu propia mano
echaste fuera a los paganos, castigaste a las naciones y estableciste allí a nuestros padres.
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- (4) Pues no fue su brazo ni su espada
lo que les dio la victoria; ellos no conquistaron la tierra. ¡Fue tu poder y tu fuerza! ¡Fue el resplandor de tu presencia, porque tú los amabas!
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- (5) ¡Mi Rey! ¡Mi Dios!
Tú diste las victorias a tu pueblo;
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- (6) por ti vencimos a nuestros enemigos;
¡en tu nombre aplastamos a los que nos atacaban!
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- (7) Porque no confiaría yo en mi arco,
ni mi espada podría darme la victoria;
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- (8) fuiste tú quien nos hizo vencer a nuestros enemigos,
quien puso en ridículo a los que nos odiaban.
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- (9) ¡Siempre estaremos orgullosos de ti, oh Dios,
y siempre alabaremos tu nombre!
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- (10) Pero nos has rechazado;
nos has cubierto de vergüenza. Ya no sales con nuestros ejércitos.
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- (11) Nos has hecho dar la espalda a nuestros enemigos;
los que nos odian nos roban y se llevan lo que quieren.
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- (12) Nos has entregado
cual si fuéramos ovejas para el matadero; nos has dispersado entre los paganos;
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- (13) has vendido a tu pueblo muy barato,
y nada has ganado con venderlo.
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- (14) Nos has convertido en objeto de insultos;
nuestros vecinos nos ofenden y ridiculizan.
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- (15) Has hecho que los paganos se burlen de nosotros;
al vernos, mueven burlones la cabeza.
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- (16) No hay momento en que no me vea humillado;
se me cae la cara de vergüenza
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- (17) por culpa del enemigo, que trata de vengarse
y que me ofende y ultraja.
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- (18) Esto que nos ha pasado
no fue por haberte olvidado. ¡No hemos faltado a tu alianza!
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- (19) No hemos pensado abandonarte
ni hemos dejado tus caminos.
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- (20) Sin embargo, tú nos has aplastado
en lugares de miseria. ¡Nos has cubierto de terrible oscuridad!
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- (21) Si te hubiéramos olvidado, oh Dios,
y adorado en tu lugar a un dios extraño,
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- (22) tú te habrías dado cuenta,
pues conoces los más íntimos secretos.
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- (23) Pero por causa tuya estamos siempre
expuestos a la muerte; nos tratan como a ovejas para el matadero.
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- (24) ¿Por qué duermes, Señor?
¡Despierta, despierta! ¡No nos rechaces para siempre!
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- (25) ¿Por qué te escondes?
¿Por qué te olvidas de nosotros, que sufrimos tanto, tanto?
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- (26) Estamos rendidos y humillados,
arrastrando nuestros cuerpos por el suelo.
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- (27) ¡Levántate,
ven a ayudarnos y sálvanos por tu gran amor!
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