La marcha triunfal de Israel
(1) Del maestro de coro.
Salmo y cántico de David.


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(2) Cuando Dios entra en acción,
sus enemigos se dispersan;
los que le odian huyen de su presencia;
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(3) desaparecen como el humo en el aire,
se derriten como la cera en el fuego;
¡ante Dios están perdidos los malvados!
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(4) Pero los buenos se alegran;
ante Dios se llenan de gozo,
¡saltan de alegría!
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(5) Canten ustedes a Dios,
canten himnos a su nombre;
alaben al que cabalga sobre las nubes.
¡Alégrense en el Señor!
¡Alégrense en su presencia!
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(6) Dios, que habita en su santo templo,
es padre de los huérfanos
y defensor de las viudas;
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(7) Dios da a los solitarios un hogar donde vivir,
libera a los prisioneros y les da prosperidad;
pero los rebeldes vivirán en tierra estéril.
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(8) Oh Dios, cuando saliste al frente de tu pueblo
marchando a través del desierto,
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(9) la tierra tembló,
la lluvia cayó del cielo,
el Sinaí tembló delante de Dios,
delante del Dios de Israel.
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(10) Oh Dios, tú hiciste llover en abundancia;
tu pueblo estaba agotado, y tú le diste fuerza.
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(11) Tu pueblo se estableció allí
y tú, oh Dios, por tu bondad,
le diste al pobre lo necesario.
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(12) El Señor dio un mensaje;
muchas mujeres lo anunciaban:
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(13) «¡Están huyendo los reyes y sus ejércitos
En casa, las mujeres se repartían
lo que se le había quitado al enemigo,
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(14) pero ustedes se quedaron entre los rediles.
¡Alas de paloma cubiertas de plata!
¡Sus plumas cubiertas de oro fino!
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(15) Cuando el Todopoderoso hizo huir a los reyes,
nevaba sobre el monte Salmón.
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(16) ¡Qué altos son los montes de Basán,
y qué elevadas sus cumbres!
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(17) Ustedes, que son montes tan altos,
¿por qué miran con envidia
el monte donde Dios quiso residir?
¡El Señor vivirá allí para siempre!
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(18) Dios cuenta por millones sus carros de combate;
del Sinaí vino en ellos a su templo.
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(19) Oh Dios, subiste a lo alto llevando cautivos;
recibiste tributo entre los hombres
y hasta los rebeldes se rindieron a ti, Señor.
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(20) ¡Bendito sea el Señor, nuestro Dios y Salvador,
que día tras día lleva nuestras cargas!
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(21) Nuestro Dios es un Dios que salva
y que puede librarnos de la muerte.
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(22) Dios partirá la cabeza de sus enemigos,
la cabeza de los que siguen pecando.
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(23) El Señor ha dicho:
«Te haré volver de Basán;
te haré volver del mar profundo,
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(24) para que bañes tus pies
en la sangre de tus enemigos
y tus perros se la beban
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(25) Oh Dios, mi Dios y Rey,
en tu santuario se ven las procesiones
que celebran en tu honor.
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(26) Los cantores van al frente
y los músicos detrás,
y en medio las jovencitas
van tocando panderetas.
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(27) ¡Bendigan todos ustedes a Dios el Señor!
¡Bendígalo todo Israel reunido!
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(28) Al frente de ellos va Benjamín, el menor,
con muchos jefes de Judá,
de Zabulón y de Neftalí.
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(29) Dios mío, demuestra tu poder;
¡reafirma lo que has hecho por nosotros!
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(30) Desde tu alto templo, en Jerusalén,
adonde los reyes te traen regalos,
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(31) reprende a Egipto, a esa bestia de los juncos,
a esa manada de toros bravos y de becerros
que en su afán de riquezas humillan a los pueblos;
¡dispersa a la gente que ama la guerra!
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(32) De Egipto vendrán embajadores;
Etiopía levantará sus manos a Dios.
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(33) ¡Canten a Dios, reinos de la tierra,
canten himnos al Señor,
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(34) al que cabalga en los cielos,
en los cielos eternos!
Escuchen cómo resuena su voz,
su voz poderosa.
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(35) Reconozcan el poder de Dios:
su majestad se extiende sobre Israel,
su poder alcanza el cielo azul.
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(36) Maravilloso es Dios en su santuario;
el Dios de Israel da poder y fuerza a su pueblo.
¡Bendito sea Dios!