- Dios juzga conforme a la verdad
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- Por eso no tienes disculpa, tú que juzgas a otros, no importa quién seas.
Al juzgar a otros te condenas a ti mismo, pues haces precisamente lo mismo que hacen ellos.
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- Pero sabemos que Dios juzga conforme a la verdad cuando condena a los que así se portan.
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- En cuanto a ti, que juzgas a otros y haces lo mismo que ellos, no creas que vas a escapar de la condenación de Dios.
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- Tú desprecias la inagotable bondad, tolerancia y paciencia de Dios, sin darte cuenta de que es precisamente su bondad la que te está llevando a convertirte a él.
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- Pero tú, como eres terco y no has querido volverte a Dios, estás amontonando castigo sobre ti mismo para el día del castigo, cuando Dios se manifestará para dictar su justa sentencia
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- y pagar a cada uno conforme a lo que haya hecho.
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- Dará vida eterna a quienes, buscando gloria, honor e inmortalidad, perseveraron en hacer lo bueno;
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- pero castigará con enojo a los rebeldes, es decir, a los que están en contra de la verdad y a favor de la maldad.
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- Habrá sufrimiento y angustia para todos los que hacen lo malo, para los judíos en primer lugar, pero también para los que no lo son.
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- En cambio, Dios dará gloria, honor y paz a todos los que hacen lo bueno, a los judíos en primer lugar, pero también a los que no lo son.
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- Porque Dios juzga imparcialmente.
La ley de Moisés
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- Todos los que pecan sin haber tenido la ley de Moisés, perecerán sin esa ley;
y los que pecan a pesar de tener la ley de Moisés, por medio de esa misma ley serán juzgados.
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- Pues no son justos ante Dios los que solamente oyen la ley, sino los que la obedecen.
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- Porque cuando los que no son judíos ni tienen la ley hacen por naturaleza lo que la ley manda, ellos mismos son su propia ley,
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- pues muestran por su conducta que llevan la ley escrita en el corazón.
Su propia conciencia lo comprueba, y sus propios pensamientos los acusarán o los defenderán
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- el día en que Dios juzgará los secretos de todos por medio de Cristo Jesús, conforme al evangelio que yo anuncio.
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- Tú te llamas judío, confías en la ley de Moisés, y estás orgulloso de tu Dios.
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- Conoces su voluntad, y la ley te enseña a escoger lo mejor.
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- Estás convencido de que puedes guiar a los ciegos y alumbrar a los que andan en la oscuridad;
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- de que puedes instruir a los ignorantes y orientar a los sencillos, ya que en la ley tienes la regla del conocimiento y de la verdad.
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- Pues bien, si enseñas a otros, ¿por qué no te enseñas a ti mismo? Si predicas que no se debe robar, ¿por qué robas?
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- Si dices que no se debe cometer adulterio, ¿por qué lo cometes? Si odias a los ídolos, ¿por qué robas las riquezas de sus templos?
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- Te glorías de la ley, pero deshonras a Dios porque la desobedeces.
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- Con razón dice la Escritura: «Los paganos ofenden a Dios por culpa de ustedes.»
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- Es cierto que, a quien obedece a la ley de Moisés, la circuncisión le sirve de algo;
pero si no la obedece, es como si no estuviera circuncidado.
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- En cambio, si el que no está circuncidado se porta según lo que la ley ordena, se le considerará circuncidado aun cuando no lo esté.
- 27
- El que obedece a la ley, aunque no esté circuncidado en su cuerpo, juzgará a aquel que, a pesar de tener la ley y de estar circuncidado, no la obedece.
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- Porque ser judío no es serlo solamente por fuera, y estar circuncidado no es estarlo solamente por fuera, en el cuerpo.
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- El verdadero judío lo es interiormente, y el estar circuncidado es cosa del corazón: no depende de reglas escritas, sino del Espíritu.
El que es así, resulta aprobado, no por los hombres, sino por Dios.
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