- Los privilegios de Israel
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- Como creyente que soy en Cristo, estoy diciendo la verdad, no miento.
Además, mi conciencia, guiada por el Espíritu Santo, me asegura que esto es verdad:
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- tengo una gran tristeza y en mi corazón hay un dolor continuo,
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- pues hasta quisiera estar yo mismo bajo maldición, separado de Cristo, si así pudiera favorecer a mis hermanos, los de mi propia raza.
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- Son descendientes de Israel, y Dios los adoptó como hijos.
Dios estuvo entre ellos con su presencia gloriosa, y les dio las alianzas, la ley de Moisés, el culto y las promesas.
- 5
- Son descendientes de nuestros antepasados;
y de su raza, en cuanto a lo humano, vino el Mesías, el cual es Dios sobre todas las cosas, alabado por siempre. Amén.
- 6
- Pero no es que las promesas de Dios a Israel hayan perdido su validez;
más bien es que no todos los descendientes de Israel son verdadero pueblo de Israel.
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- No todos los descendientes de Abraham son verdaderamente sus hijos, sino que Dios le había dicho: «Tu descendencia vendrá por medio de Isaac.»
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- Esto nos da a entender que nadie es hijo de Dios solamente por pertenecer a cierta raza;
al contrario, sólo a quienes son hijos en cumplimiento de la promesa de Dios, se les considera verdaderos descendientes.
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- Porque ésta es la promesa que Dios hizo a Abraham: «Por este tiempo volveré, y Sara tendrá un hijo.»
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- Pero eso no es todo.
Los dos hijos de Rebeca eran de un mismo padre, nuestro antepasado Isaac,
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- y antes que ellos nacieran, cuando aún no habían hecho nada, ni bueno ni malo, Dios anunció a Rebeca: «El mayor será siervo del menor.» Lo cual también está de acuerdo con la Escritura que dice: «Amé a Jacob y aborrecí a Esaú.» Así quedó confirmado el derecho que Dios tiene de escoger, de acuerdo con su propósito, a los que quiere llamar, sin tomar en cuenta lo que hayan hecho.
Autonomía de Dios
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- ¿Diremos por eso que Dios es injusto? ¡Claro que no!
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- Porque Dios dijo a Moisés: «Tendré misericordia de quien yo quiera, y tendré compasión también de quien yo quiera.»
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- Así pues, no depende de que el hombre quiera o se esfuerce, sino de que Dios tenga compasión.
- 17
- Pues en la Escritura Dios le dice al rey de Egipto: «Te hice rey precisamente para mostrar en ti mi poder y para darme a conocer en toda la tierra.»
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- De manera que Dios tiene compasión de quien él quiere tenerla, y también le endurece el corazón a quien él quiere endurecérselo.
- 19
- Pero me dirás: «Siendo así, ¿de qué puede Dios culpar al hombre, si nadie puede oponerse a su voluntad?»
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- Y tú, hombre, ¿quién eres para pedirle cuentas a Dios? ¿Acaso la olla de barro le dirá al que la hizo: «Por qué me hiciste así?»
- 21
- El alfarero tiene el derecho de hacer lo que quiera con el barro, y del mismo barro puede hacer una olla para uso especial y otra para uso común.
- 22
- Dios, queriendo dar un ejemplo de castigo y mostrar su poder, soportó con mucha paciencia a aquellos que merecían el castigo e iban a la perdición.
- 23
- Al mismo tiempo quiso dar a conocer en nosotros la grandeza de su gloria, pues nos tuvo compasión y nos preparó de antemano para tener parte en ella.
- 24
- Así que Dios nos llamó, a unos de entre los judíos y a otros de entre los no judíos.
- 25
- Como se dice en el libro de Oseas:
«A los que no eran mi pueblo, los llamaré mi pueblo; a la que no era amada, la llamaré mi amada.
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- Y en el mismo lugar donde se les dijo: “Ustedes no son mi pueblo”,
serán llamados hijos del Dios viviente.»
- 27
- En cuanto a los israelitas, Isaías dijo: «Aunque los descendientes de Israel sean tan numerosos como la arena del mar, solamente un resto de ellos alcanzará la salvación,
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- porque muy pronto el Señor cumplirá plenamente su palabra en todo el mundo.»
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- Como el mismo Isaías había dicho antes:
«Si el Señor todopoderoso no nos hubiera dejado descendencia, ahora mismo estaríamos como Sodoma y Gomorra.»
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- ¿Qué diremos a esto? Que, por medio de la fe, Dios ha hecho justos a los paganos, que no buscaban la justicia.
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- En cambio, los israelitas, que querían basar su justicia en la ley, no lo lograron.
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- ¿Por qué? Porque no se basaban en la fe, sino en sus propios hechos.
Por eso tropezaron con la «piedra de tropiezo»
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- que se menciona en la Escritura:
«Yo pongo en Sión una roca, una piedra con la cual tropezarán; el que confíe en ella, no quedará defraudado.»
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