Salmo de alabanza

1
Yo te alabo, oh Dios, mi salvador,
te doy gracias, Dios y Padre mío.
Voy a proclamar tu nombre,
2
refugio de mi vida,
porque me salvaste de la muerte,
porque libraste mi cuerpo de la tumba,
porque no dejaste que cayera en el reino de la muerte.
Me salvaste de las malas lenguas,
de las calumnias de los mentirosos.
3
Por tu gran amor me ayudaste,
te pusiste a mi lado contra mis enemigos,
contra los que querían quitarme la vida.
Me salvaste de grandes aflicciones,
4
de angustias que me cercaban como fuego,
de una hoguera que no podía apagarse,
5
del fondo del abismo,
de labios pérfidos y llenos de mentira,
6
de las flechas de lenguas traicioneras.
Ya estaba yo cerca de la muerte,
y mi vida casi en lo más hondo del abismo;
7
miré alrededor, y no había quien me ayudara,
busqué un apoyo, pero no lo había.
8
Entonces me acordé de la misericordia del Señor
y de su amor, que es eterno.
El Señor salva a quienes a él se acogen,
y los libra de todo mal.
9
Alcé la voz desde la tierra,
grité desde las puertas del sepulcro,
10
y oré: «Señor, tú eres mi padre,
tienes poder para salvarme;
no me abandones en el momento del peligro,
en la hora del terror y la desolación.
Te alabaré continuamente
y te invocaré en mis oraciones
11
Entonces el Señor oyó mi voz,
escuchó mi súplica
y me libró de todo mal;
me salvó en el momento del peligro.
12
Por eso le doy gracias,
y alabo y bendigo el nombre del Señor.
12a
Den gracias al Señor, porque él es bueno,
porque su amor es eterno.
12b
Den gracias al Dios de la alabanza,
porque su amor es eterno.
12c
Den gracias al protector de Israel,
porque su amor es eterno.
12d
Den gracias al Creador del universo,
porque su amor es eterno.
12e
Den gracias al redentor de Israel,
porque su amor es eterno.
12f
Den gracias al que reúne a los israelitas dispersos,
porque su amor es eterno.
12g
Den gracias al que reconstruye la ciudad y el templo,
porque su amor es eterno.
12h
Den gracias al que hace renacer el poder de la dinastía de David,
porque su amor es eterno.
12i
Den gracias al que escogió como sacerdotes a los descendientes de Sadoc,
porque su amor es eterno.
12j
Den gracias al protector de Abraham,
porque su amor es eterno.
12k
Den gracias al refugio de Isaac,
porque su amor es eterno.
12l
Den gracias al Dios poderoso de Jacob,
porque su amor es eterno.
12m
Den gracias al que eligió a Sión,
porque su amor es eterno.
12n
Den gracias al Rey de todos los reyes,
porque su amor es eterno.
12ñ
¡Él ha dado poder a su pueblo!
Alabanza de todos sus fieles,
de los israelitas, su pueblo cercano.
¡Alabado sea el Señor!


Búsqueda de la sabiduría

13
Cuando yo era joven, antes de irme a recorrer mundo,
deseaba ardientemente recibir sabiduría.
14
Y ella vino a mí en toda su belleza;
yo la busqué hasta que di por fin con ella.
15
Estaba en su punto, como racimo maduro,
y en ella se alegró mi corazón.
Yo seguí fielmente su camino,
porque desde pequeño la había aprendido.
16
En el poco tiempo que estuve escuchándola,
aprendí muchas cosas.
17
Someterme a ella me fue un honor,
por eso doy gracias a quien me la enseñó.
18
Decidí alcanzar algún bien,
y no cambiarlo por nada cuando lo encontrara.
19
Me enamoré de ella,
y en ella tuve siempre fija la mirada.
Abrí la puerta de su casa
para abrazarla y contemplarla.
20
La deseé con toda mi alma,
y la encontré en toda su pureza.
Desde el primer momento me enamoré de ella,
y por eso no la abandonaré,
jamás me apartaré de ella.
21
Mi corazón ardía como un horno al contemplarla,
por eso la adquirí, ¡qué gran tesoro!
22
El Señor me concedió lo que le pedía,
por eso le daré gracias en voz alta.
23
Gente ignorante: vengan a mí
y vivan en mi escuela.
24
¿Hasta cuándo quieren privarse de todo esto
y seguir sufriendo esa terrible sed?
25
Esto les digo acerca de la sabiduría:
Adquiéranla gratuitamente,
26
sométanse a ella,
acepten las tareas que les impone.
Ella está cerca de quienes la buscan;
el que se empeñe, la encontrará.
27
Vean con sus propios ojos qué poco he trabajado
y qué gran descanso he logrado encontrar.
28
Escuchen todos lo que aprendí en mi juventud,
y así adquirirán oro y plata.
29
¡Alégrense en mi escuela!
¡No se avergüencen de mis enseñanzas!
30
Lleven una vida recta
y Dios les dará oportunamente el premio.
¡Bendito sea el Señor eternamente,
y alabado sea su nombre por todas las edades!