- Tobit queda ciego
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- Siendo rey Esarhadón, volví a mi casa y me devolvieron a mi esposa Ana y a mi hijo Tobías.
Una vez estábamos celebrando nuestra fiesta de Pentecostés (llamada también «fiesta de las semanas») . Me habían preparado un buen banquete, y me senté a la mesa.
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- Me arreglaron la mesa y me trajeron varios platos preparados.
Entonces dije a mi hijo Tobías: —Hijo, ve a ver si encuentras algún israelita, de los que han venido desterrados a Nínive, que haya sido fiel a Dios de todo corazón y que sea pobre, e invítalo a comer con nosotros. Yo te espero, hijo, hasta que vuelvas.
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- Tobías fue a buscar algún israelita pobre, y luego volvió y me llamó.
—¿Qué pasa, hijo? —contesté. —¡Padre —me dijo—, hay un israelita asesinado, y está tirado en la plaza! ¡Lo acaban de estrangular!
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- Yo ni siquiera probé la comida.
Rápidamente fui a la plaza, me llevé de allí el cadáver y lo puse en una habitación, esperando que llegara la noche para enterrarlo.
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- Volví a casa, me lavé bien y comí con mucha tristeza.
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- Entonces me acordé de lo que había dicho el profeta Amós al hablar contra Betel: «Cambiaré las fiestas en llanto por los muertos, y los cantos en lamentos fúnebres.» Y me puse a llorar.
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- Cuando llegó la noche, fui, cavé una fosa y enterré al muerto.
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- Mis vecinos se burlaban de mí y decían: «La vez pasada lo estuvieron buscando para matarlo por hacer eso, y se escapó;
¡y todavía no tiene miedo! ¡Ahí está otra vez enterrando a los muertos!»
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- Esa noche me lavé bien, salí de mi casa y me acosté junto a la pared de fuera con la cabeza descubierta porque estaba haciendo calor.
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- No sabía que sobre la tapia, encima de mí, había unos pájaros, los cuales dejaron caer excremento caliente en mis ojos, y me salieron nubes en ellos.
Fui a consultar a los médicos para que me curaran; pero mientras más remedios me untaban, más ciego me iba quedando por las nubes en los ojos, hasta que perdí la vista por completo. Cuatro años estuve sin poder ver. A todos mis parientes les dolía verme en ese estado, y Ajicar me cuidó durante dos años, hasta que se fue a Elimaida.
Honradez de Tobit
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- Durante ese tiempo, mi esposa Ana se dedicó a trabajar en labores femeninas.
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- Se las enviaba a sus patrones, y ellos se las pagaban.
Un día, el siete del mes de Distro, terminó su tejido y se lo envió a sus patrones. Ellos le pagaron todo y además le regalaron un cabrito para que nos lo comiéramos.
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- Cuando llegó a la casa, el cabrito comenzó a balar.
Yo la llamé y le pregunté: —¿De dónde salió ese cabrito? ¿Acaso lo has robado? Devuélveselo a sus dueños, pues no tenemos derecho a comernos nada robado.
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- Ella me contestó:
—Es un regalo que me hicieron, además de mi paga. Yo no le creí, y seguí insistiendo en que lo devolviera a sus dueños. Me sentía avergonzado por lo que ella había hecho. Entonces me dijo: —¡En eso pararon tus obras de caridad! ¡En eso pararon tus buenas obras! ¡Ahora se ve claro lo que eres!
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