- 1
- Para tu pueblo santo, en cambio, brillaba una luz intensa.
Los egipcios, al oírlos hablar, aunque sin poder verlos, envidiaban su felicidad por no sufrir como ellos;
- 2
- les agradecían que, a pesar de los malos tratos recibidos,
no hubieran tomado venganza contra ellos, y les pedían perdón por haberlos tratado como enemigos.
- 3
- A tu pueblo, en vez de tinieblas,
le diste una columna de fuego, como un sol que no hacía daño, para que lo guiara en su desconocido viaje, en su gloriosa expedición.
- 4
- Los egipcios merecieron quedarse sin luz,
esclavos de la oscuridad, por haber tenido presos a tus hijos, que tenían la misión de trasmitir al mundo la luz inagotable de tu ley.
La muerte
- 5
- Los egipcios decidieron matar a los niños de tu pueblo santo,
y sólo se salvó Moisés, que fue abandonado. Pero, en castigo, les quitaste a ellos muchos hijos e hiciste que se ahogaran todos juntos en el agua enfurecida.
- 6
- Lo que aquella noche había de suceder,
nuestros antepasados lo supieron de antemano, para que, teniendo tal seguridad, se sintieran animados por las promesas en que habían creído.
- 7
- Tu pueblo esperó al mismo tiempo
la salvación de los inocentes y la perdición de sus enemigos,
- 8
- pues con los mismos medios castigaste a éstos
y nos honraste llamándonos a ti.
- 9
- Los piadosos herederos de tus bendiciones
ofrecieron sacrificios a escondidas; de común acuerdo se comprometieron a cumplir la ley divina y a compartir la prosperidad y los peligros, y cantaron ya los himnos tradicionales.
- 10
- Con estos himnos contrastaban
los gritos confusos de los enemigos y los quejidos dolorosos de quienes lloraban a sus hijos muertos.
- 11
- Señores y esclavos sufrieron igual castigo;
el hombre del pueblo corrió igual suerte que el rey.
- 12
- Todos por igual tuvieron innumerables muertos,
que de igual forma perecieron. Los vivos no se daban abasto para enterrarlos, pues en un instante pereció lo mejor de su nación.
- 13
- Así ellos, que confiados en su magia
no habían creído en ninguna de las advertencias, reconocieron, al ver muertos a sus hijos mayores, que nuestro pueblo era hijo de Dios.
- 14
- Porque a la medianoche,
cuando la paz y el silencio todo lo envolvían,
- 15
- tu palabra omnipotente, cual guerrero invencible,
salió del cielo, donde tú reinas como rey, y cayó en medio de aquella tierra maldita. Llevando, como afilada espada, tu orden terminante,
- 16
- entró en acción y todo lo llenó de muerte;
con su cabeza tocaba el cielo, y con sus pies, la tierra.
- 17
- Entonces, horribles pesadillas angustiaron a los egipcios,
y los asaltó un terror que no habían imaginado.
- 18
- Y al caer por tierra, moribundos, en diversos sitios,
mostraron claramente quién les había enviado la muerte.
- 19
- Los sueños que los atormentaron
habían sido una advertencia, para que no murieran sin saber la razón de su desgracia.
- 20
- Pero también los justos
tuvieron que experimentar la muerte: muchos de ellos perecieron en el desierto. Pero tu ira no duró mucho tiempo,
- 21
- pues Aarón, un hombre irreprochable,
se convirtió en su defensor con las armas de su oficio sacerdotal: la oración y el incienso con que alcanzó el perdón. Hizo así frente a tu ira y puso término a la calamidad, mostrando que era en verdad tu servidor.
- 22
- Venció a tu ira, no con la fuerza de su cuerpo
ni con el poder de las armas, sino que calmó tu enojo con su palabra, recordándote las alianzas y promesas que habías hecho a sus antepasados.
- 23
- Cuando ya se amontonaban los cadáveres unos sobre otros,
se interpuso, detuvo el avance de tu ira y le cerró el paso hacia los sobrevivientes.
- 24
- En su larga vestidura
estaba representado todo el mundo; en las cuatro hileras de piedras talladas estaban los gloriosos nombres de los antepasados; y sobre el turbante que llevaba en la cabeza estaba tu majestad.
- 25
- Ante esto, el destructor retrocedió, lleno de miedo,
pues con sólo probar tu ira era suficiente.
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