- Requisitos para los obispos
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- Palabra fiel es ésta: Si alguno aspira al cargo de obispo, buena obra desea hacer.
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- Un obispo debe ser, pues, irreprochable, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, de conducta decorosa, hospitalario, apto para enseñar,
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- no dado a la bebida, no pendenciero, sino amable, no contencioso, no avaricioso.
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- Que gobierne bien su casa, teniendo a sus hijos sujetos con toda dignidad
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- (pues si un hombre no sabe cómo gobernar su propia casa, ¿cómo podrá cuidar de la iglesia de Dios?);
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- no un recién convertido, no sea que se envanezca y caiga en la condenación en que cayó el diablo.
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- Debe gozar también de una buena reputación entre los de afuera de la iglesia, para que no caiga en descrédito y en el lazo del diablo.
Requisitos para los diáconos
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- De la misma manera, también los diáconos deben ser dignos, de una sola palabra, no dados al mucho vino, ni amantes de ganancias deshonestas,
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- sino guardando el misterio de la fe con limpia conciencia.
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- Que también éstos sean sometidos a prueba primero, y si son irreprensibles, que entonces sirvan como diáconos.
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- De igual manera, las mujeres deben ser dignas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo.
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- Que los diáconos sean maridos de una sola mujer, y que gobiernen bien sus hijos y sus propias casas.
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- Pues los que han servido bien como diáconos obtienen para sí una posición honrosa y gran confianza en la fe que es en Cristo Jesús.
El misterio de la piedad
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- Te escribo estas cosas, esperando ir a ti pronto,
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- pero en caso que me tarde, te escribo para que sepas cómo debe conducirse uno en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios vivo, columna y sostén de la verdad.
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- E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad:
El fue manifestado en la carne, vindicado en el Espíritu, contemplado por ángeles, proclamado entre las naciones, creído en el mundo, recibido arriba en gloria.
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