La carrera del cristiano

1
Por tanto, puesto que tenemos en derredor nuestro tan gran nube de testigos, despojémonos también de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,
2
puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo puesto delante de El soportó la cruz, menospreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios.
3
Considerad, pues, a aquel que soportó tal hostilidad de los pecadores contramismo, para que no os canséis ni os desaniméis en vuestro corazón.
4
Porque todavía, en vuestra lucha contra el pecado, no habéis resistido hasta el punto de derramar sangre;
5
además, habéis olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige:
Hijo mio, no tengas en poco la disciplina del Señor,
ni te desanimes al ser reprendido por El;
6
porque el Señor al que ama, disciplina,
y azota a todo el que recibe por hijo.
7
Es para vuestra corrección que sufrís;
Dios os trata como a hijos;
porque ¿qué hijo hay a quien su padre no discipline?
8
Pero si estáis sin disciplina, de la cual todos han sido hechos participantes, entonces sois hijos ilegítimos y no hijos verdaderos.
9
Además, tuvimos padres terrenales para disciplinar nos, y los respetábamos, ¿con cuánta más razón no estaremos sujetos al Padre de nuestros espíritus, y viviremos?
10
Porque ellos nos disciplinaban por pocos días como les parecía, pero El nos disciplina para nuestro bien, para que participemos de su santidad.
11
Al presente ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza;
sin embargo, a los que han sido ejercitados por medio de ella, les da después fruto apacible de justicia.
12
Por tanto, fortaleced las manos débiles y las rodillas que flaquean,
13
y haced sendas derechas para vuestros pies, para que la pierna coja no se descoyunte, sino que se sane.


Exhortación a la fidelidad

14
Buscad la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.
15
Mirad bien de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios;
de que ninguna raíz de amargura, brotando, cause dificultades y por ella muchos sean contaminados;
16
de que no haya ninguna persona inmoral ni profana como Esaú, que vendió su primogenitura por una comida.
17
Porque sabéis que aun después, cuando quiso heredar la bendición, fue rechazado, pues no halló ocasión para el arrepentimiento, aunque la buscó con lágrimas.


Contraste entre el monte Sinaí y el monte Sion

18
Porque no os habéis acercado a un monte que se puede tocar, ni a fuego ardiente, ni a tinieblas, ni a oscuridad, ni a torbellino,
19
ni a sonido de trompeta, ni a ruido de palabras tal, que los que oyeron rogaron que no se les hablara más;
20
porque no podían soportar el mandato: Si aun una bestia toca el monte, sera apedreada.
21
Tan terrible era el espectáculo, que Moisés dijo: Estoy aterrado y temblando.
22
Vosotros, en cambio, os habéis acercado al monte Sion y a la ciudad del Dios vivo, la Jerusalén celestial, y a miríadas de ángeles,
23
a la asamblea general e iglesia de los primogénitos que están inscritos en los cielos, y a Dios, el Juez de todos, y a los espíritus de los justos hechos ya perfectos,
24
y a Jesús, el mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la sangre de Abel.
25
Mirad que no rechacéis al que habla.
Porque si aquéllos no escaparon cuando rechazaron al que les amonestó sobre la tierra, mucho menos escaparemos nosotros si nos apartamos de aquel que nos amonesta desde el cielo.
26
Su voz hizo temblar entonces la tierra, pero ahora El ha prometido, diciendo: Aun una vez mas, yo hare temblar no solo la tierra, sino tambien el cielo.
27
Y esta expresión: Aún, una vez más, indica la remoción de las cosas movibles, como las cosas creadas, a fin de que permanezcan las cosas que son inconmovibles.
28
Por lo cual, puesto que recibimos un reino que es inconmovible, demostremos gratitud, mediante la cual ofrezcamos a Dios un servicio aceptable con temor y reverencia;
29
porque nuestro Dios es fuego consumidor.