- El día del juicio
- 1
- He aquí, yo envío a mi mensajero, y él preparará el camino delante de mí.
Y vendrá de repente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis; y el mensajero del pacto en quien vosotros os complacéis, he aquí, viene —dice el Señor de los ejércitos.
- 2
- ¿Pero quién podrá soportar el día de su venida? ¿Y quién podrá mantenerse en pie cuando El aparezca? Porque El es como fuego de fundidor y como jabón de lavanderos.
- 3
- Y El se sentará como fundidor y purificador de plata, y purificará a los hijos de Leví y los acrisolará como a oro y como a plata, y serán los que presenten ofrendas en justicia al Señor.
- 4
- Entonces será grata al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días de antaño y como en los años pasados.
- 5
- Y me acercaré a vosotros para el juicio, y seré un testigo veloz contra los hechiceros, contra los adúlteros, contra los que juran en falso y contra los que oprimen al jornalero en su salario, a la viuda y al huérfano, contra los que niegan el derecho del extranjero y los que no me temen —dice el Señor de los ejércitos.
- 6
- Porque yo, el Señor, no cambio;
por eso vosotros, oh hijos de Jacob, no habéis sido consumidos.
El pago de los diezmos
- 7
- Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis estatutos y no los habéis guardado.
Volved a mí y yo volveré a vosotros —dice el Señor de los ejércitos. Pero decís: “¿Cómo hemos de volver?”
- 8
- ¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me estáis robando.
Pero decís: “¿En qué te hemos robado?” En los diezmos y en las ofrendas.
- 9
- Con maldición estáis malditos, porque vosotros, la nación entera, me estáis robando.
- 10
- Traed todo el diezmo al alfolí, para que haya alimento en mi casa;
y ponedme ahora a prueba en esto —dice el Señor de los ejércitos— si no os abriré las ventanas del cielo, y derramaré para vosotros bendición hasta que sobreabunde.
- 11
- Por vosotros reprenderé al devorador, para que no os destruya los frutos del suelo;
ni vuestra vid en el campo será estéril —dice el Señor de los ejércitos.
- 12
- Y todas las naciones os llamarán bienaventurados, porque seréis una tierra de delicias —dice el Señor de los ejércitos.
El justo y el injusto
- 13
- Vuestras palabras han sido duras contra mí —dice el Señor—.
Pero decís: “¿Qué hemos hablado contra ti?”
- 14
- Habéis dicho: “En vano es servir a Dios.
¿Qué provecho hay en que guardemos sus ordenanzas y en que andemos de duelo delante del Señor de los ejércitos?
- 15
- “Por eso ahora llamamos bienaventurados a los soberbios.
No sólo prosperan los que hacen el mal, sino que también ponen a prueba a Dios y escapan impunes.”
- 16
- Entonces los que temían al Señor se hablaron unos a otros, y el Señor prestó atención y escuchó, y fue escrito delante de El un libro memorial para los que temen al Señor y para los que estiman su nombre.
- 17
- Y ellos serán míos —dice el Señor de los ejércitos— el día en que yo prepare mi tesoro especial, y los perdonaré como un hombre perdona al hijo que le sirve.
- 18
- Entonces volveréis a distinguir entre el justo y el impío, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve.
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