El pacto del Señor con David, y las aflicciones de Israel
Masquil de Etán ezraíta.


1
Por siempre cantaré de las misericordias del Señor;
con mi boca daré a conocer tu fidelidad a todas las generaciones.
2
Porque dije: Para siempre será edificada la misericordia;
en los cielos mismos establecerás tu fidelidad.
3
Yo he hecho un pacto con mi escogido,
he jurado a David mi siervo:
4
Estableceré tu descendencia para siempre,
y edificaré tu trono por todas las generaciones.
(Selah)
5
Los cielos alabarán tus maravillas, Señor,
y también tu fidelidad en la asamblea de los santos.
6
Porque, ¿quién en el firmamento se puede comparar al Señor?
¿Quién entre los hijos de los poderosos es como el Señor,
7
Dios muy temido en el consejo de los santos,
e imponente sobre todos los que están en su derredor?
8
Oh Señor, Dios de los ejércitos, ¿quién como tú, poderoso Señor?
Tu fidelidad también te rodea.
9
dominas la soberbia del mar;
cuando sus olas se levantan, tú las calmas.
10
aplastaste a Rahab como a uno herido de muerte;
esparciste a tus enemigos con tu brazo poderoso.
11
Tuyos son los cielos, tuya también la tierra;
el mundo y todo lo que en él hay, tú lo fundaste.
12
El norte y el sur, tú los creaste;
el Tabor y el Hermón aclamarán con gozo a tu nombre.
13
tienes un brazo fuerte;
tu mano es poderosa, tu diestra es exaltada.
14
La justicia y el derecho son el fundamento de tu trono;
la misericordia y la verdad van delante de ti.
15
¡Cuán bienaventurado es el pueblo que sabe lo que es la voz de júbilo!
Andan, Señor, a la luz de tu rostro.
16
En tu nombre se regocijan todo el día,
y por tu justicia son enaltecidos.
17
Porqueeres la gloria de su potencia,
y por tu gracia es exaltado nuestro poder.
18
Pues del Señor es nuestro escudo,
y del Santo de Israel nuestro rey.
19
Una vez hablaste en visión a tus santos,
y dijiste: He ayudado a un poderoso;
he exaltado a uno escogido de entre el pueblo.
20
He hallado a David mi siervo;
lo he ungido con mi óleo santo,
21
y con él estará siempre mi mano;
mi brazo también lo fortalecerá.
22
No lo engañará el enemigo,
ni lo afligirá el hijo de maldad.
23
Sino que yo aplastaré a sus adversarios delante de él,
y heriré a los que lo aborrecen.
24
Con él estarán mi fidelidad y mi misericordia,
y en mi nombre será exaltado su poder.
25
Pondré también su mano sobre el mar,
y su diestra sobre los ríos.
26
El clamará a mí: Mi Padre eres tú,
mi Dios y la roca de mi salvación.
27
Yo también lo haré mi primogénito,
el más excelso de los reyes de la tierra.
28
Para siempre conservaré mi misericordia hacia él,
y mi pacto le será confirmado.
29
Así estableceré su descendencia para siempre,
y su trono como los días de los cielos.
30
Si sus hijos abandonan mi ley
y no andan en mis juicios,
31
si violan mis estatutos
y no guardan mis mandamientos,
32
entonces castigaré con vara su transgresión,
y con azotes su iniquidad.
33
Pero no quitaré de él mi misericordia,
ni obraré falsamente en mi fidelidad.
34
No quebrantaré mi pacto,
ni cambiaré la palabra de mis labios.
35
Una vez he jurado por mi santidad;
no mentiré a David.
36
Su descendencia será para siempre,
y su trono como el sol delante de mí.
37
Será establecido para siempre como la luna,
fiel testigo en el cielo.
(Selah)
38
Perolo has rechazado y desechado,
contra tu ungido te has enfurecido.
39
Has despreciado el pacto de tu siervo;
has profanado su corona echándola por tierra.
40
Has derribado todos sus muros;
has convertido en ruinas sus fortalezas.
41
Todos los que pasan por el camino lo saquean;
ha venido a ser una afrenta para sus vecinos.
42
Tú has exaltado la diestra de sus adversarios;
has hecho regocijarse a todos sus enemigos.
43
Has retirado también el filo de su espada,
y no le has hecho estar firme en la batalla.
44
Has hecho cesar su esplendor,
y has echado por tierra su trono.
45
Has acortado los días de su juventud;
lo has cubierto de ignominia.
(Selah)
46
¿Hasta cuándo, Señor?
¿Te esconderás para siempre?
¿Arderá como el fuego tu furor?
47
Recuerda cuán breve es mi vida;
¡con qué propósito vano has creado a todos los hijos de los hombres!
48
¿Qué hombre podrá vivir y no ver la muerte?
¿Podrá librar su alma del poder del Seol? (Selah)
49
¿Dónde están, Señor, tus misericordias de antes,
que en tu fidelidad juraste a David?
50
Recuerda, Señor, el oprobio de tus siervos;
cómo llevo dentro de mí el oprobio de muchos pueblos,
51
con el cual tus enemigos, oh Señor, han injuriado,
con el cual han injuriado los pasos de tu ungido.
52
¡Bendito sea el Señor para siempre!
Amén y amén.