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- Así que dejemos de repasar una y otra vez las enseñanzas elementales acerca de Cristo.
Por el contrario, sigamos adelante hasta llegar a ser maduros en nuestro entendimiento. No puede ser que tengamos que comenzar de nuevo con los importantes cimientos acerca del arrepentimiento de las malas acciones y de tener fe en Dios.
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- Ustedes tampoco necesitan más enseñanza acerca de los bautismos, la imposición de manos, la resurrección de los muertos y el juicio eterno.
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- Así que, si Dios quiere, avanzaremos hacia un mayor entendimiento.
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- Pues es imposible lograr que vuelvan a arrepentirse los que una vez fueron iluminados —aquellos que experimentaron las cosas buenas del cielo y fueron partícipes del Espíritu Santo,
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- que saborearon la bondad de la palabra de Dios y el poder del mundo venidero—
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- y que luego se alejan de Dios.
Es imposible lograr que esas personas vuelvan a arrepentirse; al rechazar al Hijo de Dios, ellos mismos lo clavan otra vez en la cruz y lo exponen a la vergüenza pública.
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- Cuando la tierra se empapa de la lluvia que cae y produce una buena cosecha para el agricultor, recibe la bendición de Dios.
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- En cambio, el campo que produce espinos y cardos no sirve para nada.
El agricultor no tardará en maldecirlo y quemarlo.
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- Queridos amigos, aunque hablamos de este modo, no creemos que esto se aplica a ustedes.
Estamos convencidos de que ustedes están destinados para cosas mejores, las cuales vienen con la salvación.
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- Pues Dios no es injusto.
No olvidará con cuánto esfuerzo han trabajado para él y cómo han demostrado su amor por él sirviendo a otros creyentes como todavía lo hacen.
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- Nuestro gran deseo es que sigan amando a los demás mientras tengan vida, para asegurarse de que lo que esperan se hará realidad.
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- Entonces, no se volverán torpes ni indiferentes espiritualmente.
En cambio, seguirán el ejemplo de quienes, gracias a su fe y perseverancia, heredarán las promesas de Dios.
Las promesas de Dios traen esperanza
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- Por ejemplo, estaba la promesa que Dios le hizo a Abraham.
Como no existía nadie superior a Dios por quién jurar, Dios juró por su propio nombre, diciendo:
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- «Ciertamente te bendeciré
y multiplicaré tu descendencia hasta que sea incontable».
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- Entonces Abraham esperó con paciencia y recibió lo que Dios le había prometido.
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- Ahora bien, cuando las personas hacen un juramento, invocan a alguien superior a ellas para obligarse a cumplirlo;
y no cabe ninguna duda de que ese juramento conlleva una obligación.
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- Dios también se comprometió mediante un juramento, para que los que recibieran la promesa pudieran estar totalmente seguros de que él jamás cambiaría de parecer.
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- Así que Dios ha hecho ambas cosas: la promesa y el juramento.
Estas dos cosas no pueden cambiar, porque es imposible que Dios mienta. Por lo tanto, los que hemos acudido a él en busca de refugio podemos estar bien confiados aferrándonos a la esperanza que está delante de nosotros.
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- Esta esperanza es un ancla firme y confiable para el alma;
nos conduce a través de la cortina al santuario interior de Dios.
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- Jesús ya entró allí por nosotros.
Él ha llegado a ser nuestro eterno Sumo Sacerdote, según el orden de Melquisedec.
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