- El valor incalculable de conocer a Cristo
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- Mis amados hermanos, pase lo que pase, alégrense en el Señor.
Nunca me canso de decirles estas cosas y lo hago para proteger su fe.
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- Cuídense de esos «perros», de esa gente que hace lo malo, esos mutiladores que les dicen que deben circuncidarse para ser salvos.
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- Pues los que adoramos por medio del Espíritu de Dios somos los verdaderos circuncisos.
Confiamos en lo que Cristo Jesús hizo por nosotros. No depositamos ninguna confianza en esfuerzos humanos
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- aunque, si alguien pudiera confiar en sus propios esfuerzos, ese sería yo.
De hecho, si otros tienen razones para confiar en sus propios esfuerzos, ¡yo las tengo aún más!
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- Fui circuncidado cuando tenía ocho días de vida.
Soy un ciudadano de Israel de pura cepa y miembro de la tribu de Benjamín, ¡un verdadero hebreo como no ha habido otro! Fui miembro de los fariseos, quienes exigen la obediencia más estricta a la ley judía.
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- Era tan fanático que perseguía con crueldad a la iglesia, y en cuanto a la justicia, obedecía la ley al pie de la letra.
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- Antes creía que esas cosas eran valiosas, pero ahora considero que no tienen ningún valor debido a lo que Cristo ha hecho.
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- Así es, todo lo demás no vale nada cuando se le compara con el infinito valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor.
Por amor a él, he desechado todo lo demás y lo considero basura a fin de ganar a Cristo
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- y llegar a ser uno con él.
Ya no me apoyo en mi propia justicia, por medio de obedecer la ley; más bien, llego a ser justo por medio de la fe en Cristo. Pues la forma en que Dios nos hace justos delante de él se basa en la fe.
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- Quiero conocer a Cristo y experimentar el gran poder que lo levantó de los muertos.
¡Quiero sufrir con él y participar de su muerte,
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- para poder experimentar, de una u otra manera, la resurrección de los muertos!
Avanzar hacia la meta
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- No quiero decir que ya haya logrado estas cosas ni que ya haya alcanzado la perfección;
pero sigo adelante a fin de hacer mía esa perfección para la cual Cristo Jesús primeramente me hizo suyo.
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- No, amados hermanos, no lo he logrado, pero me concentro únicamente en esto: olvido el pasado y fijo la mirada en lo que tengo por delante, y así
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- avanzo hasta llegar al final de la carrera para recibir el premio celestial al cual Dios nos llama por medio de Cristo Jesús.
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- Que todos los que son espiritualmente maduros estén de acuerdo en estas cosas.
Si ustedes difieren en algún punto, estoy seguro de que Dios se lo hará entender;
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- pero debemos aferrarnos al avance que ya hemos logrado.
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- Amados hermanos, tomen mi vida como modelo y aprendan de los que siguen nuestro ejemplo.
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- Pues ya les dije varias veces y ahora se los repito de nuevo con lágrimas en los ojos: hay muchos cuya conducta demuestra que son verdaderos enemigos de la cruz de Cristo.
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- Van camino a la destrucción.
Su dios es su propio apetito, se jactan de cosas vergonzosas y solo piensan en esta vida terrenal.
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- En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, donde vive el Señor Jesucristo;
y esperamos con mucho anhelo que él regrese como nuestro Salvador.
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- Él tomará nuestro débil cuerpo mortal y lo transformará en un cuerpo glorioso, igual al de él.
Lo hará valiéndose del mismo poder con el que pondrá todas las cosas bajo su dominio.
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