Opresores y oprimidos

1
Luego me fijé en tanta opresión que hay en esta vida.
Vi llorar a los oprimidos, y no había quien los consolara;
el poder estaba del lado de sus opresores, y no había quien los consolara.
2
Y consideré más felices a los que ya han muerto que a los que aún viven,
3
aunque en mejor situación están los que aún no han nacido, los que no han visto aún la maldad que se comete en esta vida.
4
Vi además que tanto el afán como el éxito en la vida despiertan envidias.
Y también esto es absurdo;
¡es correr tras el viento!
5
El necio se cruza de brazos,
y acaba muriéndose de hambre.
6
Más vale poco con tranquilidad
que mucho con fatiga 
¡corriendo tras el viento!


La unión hace la fuerza

7
Me fijé entonces en otro absurdo en esta vida:
8
vi a un hombre solitario, sin hijos ni hermanos, y que nunca dejaba de afanarse;
¡jamás le parecían demasiadas sus riquezas! «¿Para quién trabajo tanto, y me abstengo de las cosas buenas?», se preguntó.
¡También esto es absurdo, y una penosa tarea!
9
Más valen dos que uno,
porque obtienen más fruto de su esfuerzo.
10
Si caen, el uno levanta al otro.
¡Ay del que cae
y no tiene quien lo levante!
11
Si dos se acuestan juntos,
entrarán en calor;
uno solo ¿cómo va a calentarse?
12
Uno solo puede ser vencido,
pero dos pueden resistir.
¡La cuerda de tres hilos
no se rompe fácilmente!


Juventud y sabiduría

13
Más vale joven pobre pero sabio
que rey viejo pero necio,
que ya no sabe recibir consejos.
14
Aunque de la cárcel haya ascendido al trono, o haya nacido pobre en ese reino,
15
en esta vida he visto que la gente apoya al joven que sucede al rey.
16
Y aunque es incontable la gente que sigue a los reyes, muchos de los que vienen después tampoco quedan contentos con el sucesor.
Y también esto es absurdo;
¡es alcanzar el viento!