- Jacob deja que Benjamín vaya a Egipto
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- La hambruna era muy grave en la tierra.
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- Cuando se terminaron de comer todo el trigo que habían traído de Egipto, Jacob les dijo a sus hijos:
—Vuelvan allá y cómprenos más comida para todos.
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- Pero Judá le dijo:
—Pero el gobernador de ese país nos advirtió: “No volverán a ver mi cara a menos que su hermano esté con ustedes”.
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- Sólo iremos a comprarte más trigo si mandas a nuestro hermano con nosotros.
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- Pero si no lo mandas, no iremos allá.
Ese hombre nos advirtió que no regresáramos sin él.
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- Entonces Israel dijo:
—¿Por qué le dijeron a ese hombre que ustedes tenían otro hermano? ¿Por qué me hicieron ese mal?
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- Ellos respondieron:
—Ese hombre nos interrogó sobre nuestra vida y nuestra familia. Nos preguntó: “¿Su papá todavía vive? ¿Tienen otro hermano?” Nosotros sólo le respondimos sus preguntas. ¿Cómo íbamos a saber que nos iba a pedir que trajéramos a nuestro hermano?
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- Después Judá le dijo a su papá, Israel:
—Manda al muchacho conmigo, déjanos ir de una vez para que así tú, nosotros y nuestros hijos, sobrevivamos.
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- Yo mismo te garantizo que estará a salvo.
Puedes hacerme responsable de él. Si no te lo traigo de regreso, me puedes culpar toda la vida.
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- Si no nos hubieras retrasado ya habríamos hecho dos viajes.
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- Luego Israel, el papá, les dijo:
—Si así es como debe ser, entonces hagan esto: tomen de los mejores productos de nuestra tierra, empáquenlos en sus costales y llévenselos de regalo a ese hombre. Empaquen un bálsamo, miel, perfume, mirra, pistachos y almendras.
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- Lleven el doble de dinero, vuelvan a llevar el dinero que encontraron en sus costales.
Probablemente fue un error.
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- Lleven a su hermano y váyanse inmediatamente a ver a ese hombre.
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- Que el Dios Todopoderoso permita que ese hombre sea bueno con ustedes y los deje regresar con Simeón y Benjamín.
De lo contrario me invadirá la tristeza por haber perdido a mi hijo.
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- Los hombres tomaron sus regalos, el doble del dinero y a Benjamín.
Se fueron para Egipto y se presentaron ante José.
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- Cuando José vio que Benjamín estaba con ellos, le dijo al siervo que estaba encargado de su casa:
—Lleva a esos hombres a mi casa, mata un animal y prepara una comida porque ellos van a comer conmigo al mediodía.
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- Entonces el hombre hizo todo lo que se le dijo y llevó a los hombres a la casa de José.
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- Los hombres se asustaron porque los llevaron a la casa de José, y dijeron:
—Nos trajeron aquí por culpa del dinero que nos volvieron a meter en nuestros costales la primera vez. Él quiere atacarnos y atraparnos, nos va a convertir en sus esclavos y se va a quedar con nuestros burros.
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- Entonces ellos se acercaron al esclavo encargado de la casa de José y le hablaron en la entrada de la casa.
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- Le dijeron:
—Señor, nosotros vinimos la primera vez a comprar comida.
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- Pero, cuando llegamos al sitio donde íbamos a dormir, abrimos nuestros costales y nos dimos cuenta de que todos teníamos todo nuestro dinero en el tope del costal.
Ahora lo trajimos para devolverlo.
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- El otro dinero que trajimos es para comprar comida.
No sabemos quién nos volvió a meter el dinero en nuestros costales.
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- Entonces el siervo les dijo:
—Cálmense. No se asusten. Su Dios, el Dios de su papá, les debe haber metido el dinero en sus costales. Yo mismo recibí su dinero la vez pasada. Luego el siervo trajo a Simeón ante ellos.
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- Después los hizo seguir a la casa de José, les dio agua y les lavó los pies.
También les dio comida a los burros.
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- Los hermanos se enteraron de que iban a comer con José, y alistaron los regalos.
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- Cuando José llegó a la casa, sus hermanos le llevaron los regalos que le habían traído y se postraron rostro en tierra ante él.
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- José les preguntó cómo estaban y también preguntó:
—¿Cómo está su papá, el anciano del cual me hablaron? ¿Todavía vive?
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- Los hermanos respondieron:
—Nuestro papá, su siervo, está bien, aún vive. Luego le hicieron reverencia.
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- Cuando levantó sus ojos, vio a su hermano Benjamín, el hijo de su propia mamá, y dijo:
—¿Es este el hermano menor del que me hablaron? Después le dijo a Benjamín: —Dios te bendiga, hijo mío.
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- Al ver a su hermano, José sintió ganas de llorar.
Entonces se fue rápidamente, se metió en su cuarto y allí se puso a llorar.
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- Luego se lavó la cara y salió.
Se controló y dijo: «Sirvan la comida».
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- Los siervos le sirvieron a José en una mesa solo, a los hermanos aparte en otra mesa y a los otros egipcios que estaban comiendo con ellos, les sirvieron en otra mesa.
Los sentaron separados porque los egipcios detestan comer con hebreos.
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- Los siervos de José los sentaron a la mesa en orden, desde el mayor hasta el menor ante él.
Por eso los hermanos se miraban asombrados.
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- Luego José les ordenó a sus siervos que les llevaran comida a sus hermanos, pero la porción de Benjamín era cinco veces más grande que la de los otros.
Entonces ellos festejaron y bebieron con él.
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