Planean matar a Jesús

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Se acercaba ya la fiesta de los Panes sin Levadura, conocida como la Pascua.
2
Los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley estaban buscando cómo matar a Jesús porque le tenían miedo al pueblo.


La traición de Judas

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Entonces Satanás entró en Judas Iscariote, uno de los doce apóstoles.
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Judas fue y habló con los jefes de los sacerdotes y los capitanes de la guardia del templo sobre cómo podía entregarles a Jesús.
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Ellos se alegraron y le prometieron dinero a cambio.
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Judas se comprometió y entonces empezó a buscar la oportunidad en que no hubiera gente cerca para poder entregarlo.


Preparación de la cena de la Pascua

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Llegó el día de la fiesta de los Panes sin Levadura, cuando se sacrificaba al cordero para la Pascua.
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Jesús envió a Pedro y a Juan, diciéndoles:
Vayan y preparen la cena de la Pascua para que podamos cenar.
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Ellos le dijeron a Jesús:
—¿En dónde quieres que la preparemos?
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Él les dijo:
Cuando entren a la ciudad, encontrarán a un hombre llevando un cántaro de agua.
Síganlo a la casa donde entre
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y díganle al dueño: “El Maestro pregunta: ¿Dónde está el cuarto donde voy a comer la Pascua con mis seguidores?”
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Entonces el dueño les mostrará un cuarto grande en el piso de arriba, ya arreglado.
Preparen la cena allí.
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Entonces Pedro y Juan se fueron para allá y encontraron todo tal como Jesús les había dicho y prepararon la cena de la Pascua.


La Cena del Señor

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Cuando llegó la hora de la cena, Jesús y los apóstoles estaban a la mesa.
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Jesús les dijo:
Tenía muchas ganas de celebrar esta cena de Pascua con ustedes, antes de padecer.
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Pues yo les digo que no volveré a celebrar otra cena de Pascua, hasta que se le dé el verdadero significado en el reino de Dios.
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Entonces Jesús tomó una copa, dio gracias a Dios y dijo:
Tomen esta copa y compártanla todos.
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Les digo que no volveré a beber vino hasta que el reino de Dios esté aquí.
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Entonces Jesús tomó pan, dio gracias a Dios, lo partió, se lo dio a los apóstoles y dijo:
Este pan es mi cuerpo que doy por ustedes.
Cómanlo como recordatorio.
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De la misma manera, después de la cena tomó la copa y dijo:
Esta copa es mi sangre que es derramada por ustedes y establece el nuevo pacto.
21
Pero escuchen, uno de ustedes se volverá en contra mía.
Su mano está al lado de la mía en la mesa.
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Es cierto que el Hijo del hombre cumplirá lo que Dios planeó, pero ¡pobre de aquel que lo traiciona!
23
Entonces se empezaron a preguntar entre ellos: «¿Quién de nosotros haría eso?»


Sean como un siervo

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Más tarde, los apóstoles empezaron a discutir acerca de quién era el más importante entre ellos.
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Pero Jesús les dijo: «Los reyes de las naciones ejercen dominio sobre su pueblo y los hombres que tienen mucha autoridad sobre otros hacen que los llamengrandes benefactores del pueblo”,
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pero ustedes no sean como ellos.
El mayor debe hacerse como el menor, y el que manda debe hacerse como el que sirve.
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¿Quién es más importante: el que está a la mesa comiendo o el que le está sirviendo? Ustedes piensan que el que está a la mesa es el más importante, pero yo soy como un siervo entre ustedes.
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»Ustedes son los que han estado conmigo durante todos mis tiempos difíciles.
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Mi padre me dio un reino y yo les doy también la autoridad para reinar conmigo,
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para que ustedes coman y beban a la mesa en ese reino, y se sienten en tronos a juzgar a las doce tribus de Israel.


Se anuncia la negación de Pedro

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»¡Simón, Simón! Mira que Satanás ha pedido sacudirlos a ustedes como un campesino sacude la paja de los granos de trigo.
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Pero he orado para que no pierdas tu fe.
Cuando vuelvas a mí, ayuda a tus hermanos a ser más fuertes».
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Pero Simón dijo:
Señor, estoy listo para ir contigo a la cárcel.
¡Hasta estoy dispuesto a morir por ti!
34
Pero Jesús dijo:
Pedro, antes de que el gallo cante esta noche, me negarás tres veces.


Estén listos

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Entonces Jesús les dijo a los seguidores:
Cuando los envié sin dinero ni provisiones ni sandalias, ¿les hizo falta algo?
Ellos dijeron:
—No, nada.
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Jesús les dijo:
Pero ahora, si tienen provisiones o dinero, llévenlos con ustedes.
Si no tienen espada, vendan su manto y compren una.
37
Pues les digo que esta Escritura debe cumplirse en mí: “La gente lo consideraba un criminal”.
Esta Escritura debe cumplirse en mí.
Fue escrita sobre mí y está sucediendo ahora.
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Los seguidores dijeron:
Mira Señor, aquí hay dos espadas.
Jesús les dijo:
—¡Basta ya!


Jesús ora solo

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Como de costumbre, Jesús salió de la ciudad al monte de los Olivos, y sus seguidores fueron con él.
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Al llegar ahí, les dijo:
Oren para que no caigan en tentación.
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Entonces Jesús se alejó un poco de ellos, se arrodilló y oró:
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«Padre, líbrame de esta copa, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya».
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Entonces apareció un ángel del cielo que fue enviado para darle fuerzas.
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Él estaba sufriendo mucho y oraba con fervor.
El sudor era como gotas de sangre que caían al suelo.
45
Cuando Jesús terminó de orar, fue a donde estaban sus seguidores.
Se quedaron dormidos vencidos de tristeza.
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Jesús les dijo:
—¿Por qué están durmiendo? ¡Levántense y oren para que no caigan en tentación!


Arresto de Jesús

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Mientras Jesús estaba hablando, llegó allí mucha gente.
Los guiaba uno de los doce apóstoles, llamado Judas.
Él se acercó a Jesús para saludarlo con un beso.
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Pero Jesús le dijo:
Judas, ¿Con un beso traicionas al Hijo del hombre?
49
Cuando los seguidores vieron lo que estaba pasando, le dijeron a Jesús:
Señor, ¿atacamos con espada?
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Uno de ellos le pegó al siervo del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha.
51
Pero Jesús dijo:
—¡Déjenlos!
Entonces Jesús le tocó la oreja al siervo y lo sanó.
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Luego, Jesús les dijo a los jefes de los sacerdotes, a los jefes de la guardia del templo y a los ancianos líderes, que habían venido a arrestarlo:
—¿Es que yo soy un bandido para que ustedes vengan con espadas y garrotes?
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Yo he estado con ustedes todos los días en el área del templo y no me arrestaron.
Pero esta es su hora, la hora en que reina la oscuridad.


La negación de Pedro

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Arrestaron a Jesús y lo llevaron a casa del sumo sacerdote.
Pedro los siguió a cierta distancia.
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Encendieron un fuego en medio del patio y se sentaron alrededor.
Pedro se sentó con ellos.
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Una sierva vio a Pedro sentado allí.
Lo pudo ver por la luz del fuego, lo miró muy de cerca y dijo:
Este hombre también estaba con él.
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Pero Pedro lo negó:
Mujer, yo no lo conozco.
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Un poco más tarde alguien vio a Pedro y dijo:
—Tú también eres de ellos.
Pero Pedro dijo:
—¡No, hombre, no lo soy!
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Pasó casi una hora y otro insistió:
—Es verdad, este hombre estaba con él, es de Galilea.
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Pero Pedro dijo:
—¡Hombre, no sé de que estás hablando!
En ese momento, mientras Pedro todavía estaba hablando, cantó el gallo.
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Entonces el Señor se dio vuelta y miró a Pedro a la cara.
Pedro recordó lo que el Señor le había dicho: «Antes de que el gallo cante esta noche, me negarás tres veces».
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Entonces Pedro salió de allí y lloró amargamente.


Se burlan de Jesús

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Los hombres que estaban vigilando a Jesús se burlaban de él y lo azotaban.
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Le vendaron los ojos, y le decían:
—¡Demuéstranos que eres profeta, dinos quién te pegó!
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Y le gritaban muchos otros insultos.


Jesús ante los líderes judíos

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Cuando amaneció, los ancianos líderes del pueblo, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley vinieron todos juntos.
Llevaron a Jesús ante el Consejo,
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y le preguntaron:
—Si eres el Mesías, dínoslo.
Jesús les dijo:
—Si les digo que soy el Mesías, ustedes no me creerán.
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Y si les pregunto, no me responderán.
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Pero desde este momento el Hijo del hombre se sentará a la derecha de Dios Todopoderoso.
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Todos dijeron:
—¿Entonceseres el Hijo de Dios?
Jesús les dijo:
—Sí yo soy.
Ustedes mismos lo dicen.
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Entonces dijeron:
—¿Para qué necesitamos más testigos? ¡Lo hemos escuchado de su propia boca!