- La ley de Dios y las normas humanas
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- Los fariseos y algunos maestros de la ley que vinieron desde Jerusalén se reunían con Jesús.
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- Ellos vieron que algunos de sus seguidores comían con manos impuras, o sea, sin cumplir el ritual de lavarse las manos.
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- Los fariseos y todos los judíos no comen sin antes lavarse las manos, siguiendo el ritual tradicional de sus antepasados.
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- Tampoco comen lo que compran en el mercado sin antes lavarlo.
También cumplen muchos otros rituales como los que tienen que ver con lavar los vasos, las jarras y las ollas.
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- Por eso los fariseos y los maestros de la ley le preguntaron a Jesús:
—¿Por qué tus seguidores no cumplen las tradiciones de nuestros antepasados? Comen con las manos impuras.
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- Jesús les respondió:
—¡Hipócritas! Isaías tenía razón cuando profetizó sobre ustedes: “Este pueblo me honra de labios para afuera, pero su corazón está lejos de mí.
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- De nada les sirve que me adoren
porque todo lo que enseñan son normas de hombres”.
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- Ustedes han olvidado los mandamientos de Dios.
Sólo cumplen tradiciones humanas.
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- También les dijo:
—¡Vaya manera la de ustedes de convencer a la gente para que siga la tradición de ustedes en vez de seguir el mandamiento de Dios!
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- Moisés dijo: “Respeta a tu papá y a tu mamá” y “El que insulte al papá o a la mamá debe morir”.
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- Pero ustedes enseñan que alguien puede decirle al papá o a la mamá: “Tengo algo que te podría ayudar, pero lo voy a entregar como Corbán (que significa ‘mi ofrenda a Dios’)”.
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- Eso significa que ustedes permiten que alguien deje de ayudar al papá o a la mamá.
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- Así con la tradición que se trasmiten unos a otros, ustedes anulan la palabra de Dios.
Y hacen muchas otras cosas como estas.
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- Jesús llamó a la multitud otra vez y le dijo:
—Escúchenme todos y entiendan.
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- Ningún alimento que entre en el cuerpo lo vuelve impuro a uno.
Es lo que sale del interior lo que lo vuelve impuro a uno.
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- Cuando dejó la multitud y entró a la casa, sus seguidores le preguntaron el significado de la historia.
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- Jesús les dijo:
—¿Es que ustedes tampoco entienden? ¿No se dan cuenta de que lo que alguien come no lo puede volver impuro?
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- Porque lo que coma una persona no afecta su manera de pensar, sino que va a su estómago y luego sale a la letrina.
Con estas palabras Jesús daba a entender que ningún alimento está prohibido.
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- Después les dijo:
—Lo que sale del interior de la gente es lo que vuelve impuro a alguien.
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- Porque del interior de la gente, o sea de la mente, salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, el robo, el asesinato,
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- el adulterio, la codicia, la maldad, el engaño, el desenfreno, la envidia, los insultos, la arrogancia y la necedad.
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- Toda esa maldad proviene del interior y es lo que hace impura a la gente.
Jesús ayuda a una extranjera
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- Jesús salió de allí y se fue a la región de Tiro.
Entró a una casa y no quería que nadie supiera que estaba allí, pero le fue imposible esconderse.
- 25
- Pronto una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu maligno se enteró de que Jesús estaba en el pueblo.
La mujer llegó hasta él y se postró a sus pies.
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- Ella era griega, nacida en Fenicia, Siria.
Le pidió que expulsara de su hija el demonio.
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- Jesús le dijo:
—Primero hay que dejar satisfechos a los hijos, porque no está bien darles el pan de los hijos a los perros.
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- Pero ella le respondió:
—Es cierto, Señor. Pero hasta los perros que están debajo de la mesa pueden comer las migajas que dejan caer los hijos.
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- Entonces Jesús le dijo:
—¡Qué buena respuesta! Vete tranquila a tu casa, que tu hija ya no tiene ningún demonio.
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- La mujer fue a su casa y encontró a su hija acostada en la cama;
y que el demonio había salido de ella.
Jesús sana a un sordomudo
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- Después Jesús regresó de la región de Tiro y, pasando por Sidón, llegó al lago de Galilea, atravesando la región de Decápolis.
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- Allí le llevaron a Jesús a un hombre que era sordo y casi no podía hablar.
Le rogaron que lo tocara para sanarlo.
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- Jesús se alejó con el hombre para apartarse de la multitud.
Le metió los dedos en los oídos, escupió y con saliva le tocó la lengua.
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- Después Jesús miró hacia el cielo, respiró profundo y dijo: «¡Efatá!» (que significa «¡Ábrete!»).
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- Enseguida el hombre pudo oír, se arregló su defecto de la lengua y comenzó a hablar normalmente.
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- Jesús les ordenó a los que vieron el milagro que no contaran lo que había pasado.
Sin embargo, entre más se lo ordenaba, más iban a contarlo.
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- La gente quedó completamente atónita y decían: «Hace todo muy bien.
¡Hasta puede hacer que los sordos oigan y que los mudos hablen!»
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