- Historia de unos trabajadores
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- »El reino de Dios es como el dueño de una finca que salió bien temprano a contratar trabajadores para su viñedo.
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- Se puso de acuerdo con ellos en el pago por un día de trabajo y los envió a trabajar a su viñedo.
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- Casi a las nueve de la mañana salió de su casa y vio a unos hombres que estaban sin hacer nada en la plaza de mercado.
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- Les dijo: “Vayan ustedes también a trabajar en mi viñedo y les pagaré lo justo”.
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- Así que ellos fueron a trabajar allá.
Una vez más, salió de su casa como al mediodía y luego como a las tres de la tarde, e hizo lo mismo.
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- Cuando eran las cinco, salió de su casa y encontró a otros desempleados en la plaza de mercado.
Él les preguntó: “¿Por qué ustedes no hacen nada en todo el día?”
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- Le contestaron: “Es que nadie nos da trabajo”.
Él les dijo: “Vayan ustedes también a trabajar en mi viñedo”.
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- »Cuando se hizo de noche, el dueño le dijo al encargado: “Llama a los trabajadores y págales.
Empieza desde los últimos que se contrataron hasta los que se contrataron al principio”.
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- Se presentaron los que se habían contratado a las cinco de la tarde y cada uno recibió el pago de un día.
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- Cuando llegaron los primeros que se habían contratado, creyeron que les iban a pagar más, pero recibieron el mismo pago.
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- Lo recibieron y empezaron a quejarse con el dueño del terreno,
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- diciendo: “Los últimos que se contrataron sólo trabajaron una hora y usted les pagó lo mismo que a nosotros que trabajamos todo el día aguantando el calor”.
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- El dueño le contestó a uno de ellos: “Amigo, yo no soy injusto contigo.
¿No nos pusimos de acuerdo en que yo te daría el pago por un día de trabajo?
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- Toma lo que es tuyo y vete a tu casa.
Al último que contraté quiero darle lo mismo que a ti.
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- ¿No tengo derecho de hacer lo que quiera con mi dinero? ¿O es que estás celoso porque soy bueno con los demás?”
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- »Así es que los últimos serán los primeros, y los primeros serán los últimos.
Jesús habla de su propia muerte
- 17
- Mientras Jesús iba caminando hacia Jerusalén, tomó aparte a sus doce seguidores y les dijo:
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- —¡Escuchen! Estamos camino a Jerusalén.
El Hijo del hombre será entregado a los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la ley y ellos lo condenarán a muerte.
- 19
- Después lo entregarán a los que no son judíos, quienes se burlarán de él, lo azotarán y lo crucificarán;
pero él resucitará al tercer día.
Petición de una madre
- 20
- Entonces la mamá de los hijos de Zebedeo se acercó a Jesús acompañada de sus hijos.
Se arrodilló delante de él y le pidió un favor.
- 21
- Jesús le preguntó:
—¿Qué es lo que quieres? Ella le dijo: —Prométeme que estos dos hijos míos se podrán sentar y gobernar contigo en tu reino. Quiero que se sienten el uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.
- 22
- Jesús contestó:
—Ustedes no saben lo que están pidiendo. ¿Están dispuestos a beber de la misma copa de sufrimiento que yo voy a beber? Ellos dijeron: —Sí lo estamos.
- 23
- Él les dijo:
—Ciertamente van a beber de la copa que yo bebo, pero yo no puedo decidir quién se sienta a mi derecha o a mi izquierda. Mi Padre ya tiene listos esos puestos para los que él decidió.
- 24
- Cuando los otros diez seguidores escucharon esto, se enojaron con los dos hermanos.
- 25
- Pero Jesús los llamó y les dijo:
—Ustedes saben que a los que gobiernan entre las naciones les gusta mostrar su poder. A sus principales dirigentes les gusta ejercer su autoridad sobre la gente.
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- Pero entre ustedes no debe ser así.
Más bien, el que quiera ser más importante entre ustedes debe hacerse su siervo.
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- El que quiera ser el número uno entre ustedes debe ser su esclavo;
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- así como el Hijo del hombre no vino para que le sirvieran, sino a servir a los demás y a dar su vida en rescate por muchos.
Jesús sana a dos ciegos
- 29
- Cuando estaban saliendo de Jericó, lo seguía una gran multitud.
- 30
- Había dos ciegos sentados al lado del camino, y cuando oyeron que Jesús estaba pasando por ahí, gritaron:
—¡Señor, Hijo de David, ten compasión de nosotros!
- 31
- La gente los regañaba y les decía que se callaran, pero ellos gritaban aun más fuerte:
—¡Señor, Hijo de David, ten compasión de nosotros!
- 32
- Entonces Jesús se detuvo y les preguntó:
—¿Qué quieren que yo haga por ustedes?
- 33
- Ellos le dijeron:
—Señor, queremos ver.
- 34
- Jesús tuvo compasión de ellos y les tocó los ojos.
En ese momento ellos pudieron ver y lo siguieron.
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