- Pablo y Bernabé en Iconio
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- Cuando llegaron a Iconio, siguiendo su costumbre entraron en la sinagoga de los judíos;
y era tal la convicción con que hablaban que una gran multitud de judíos y de griegos creyó.
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- Pero los judíos que no quisieron creer, dañaron el ánimo de los que no eran judíos y los azuzaron contra los hermanos.
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- A pesar de eso, Bernabé y Pablo se quedaron allí mucho tiempo, y hablaban sin ningún temor y confiados en el Señor, que por su bondad y misericordia les concedió hacer milagros prodigiosos.
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- La gente de la ciudad estaba dividida, porque unos apoyaban a los judíos y otros a los apóstoles.
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- Entonces judíos y no judíos, y sus gobernantes, se juntaron con la intención de hacerles daño a los apóstoles y apedrearlos;
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- pero ellos se dieron cuenta y huyeron a Listra y Derbe, ciudades de Licaonia, y de allí fueron a todas las regiones cercanas,
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- donde predicaban el evangelio.
Pablo es apedreado en Listra
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- En Listra había un hombre lisiado de nacimiento;
no podía mover los pies ni había caminado jamás. Estaba sentado,
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- escuchando a Pablo;
y cuando Pablo lo vio a los ojos, comprendió que tenía fe para ser sanado.
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- Entonces Pablo levantó la voz y le dijo: «Levántate, y apóyate sobre tus pies.» Y aquel hombre dio un salto y comenzó a caminar.
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- Al ver la gente lo que Pablo había hecho, comenzó a gritar en lengua licaónica: «Los dioses han bajado en forma de hombres, y nos están visitando.»
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- A Bernabé lo llamaron Júpiter, y como Pablo era el que hablaba, a él lo llamaron Mercurio.
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- El sacerdote de Júpiter, que oficiaba en el templo que estaba frente a la ciudad, llevó hasta las puertas toros y guirnaldas, y les quería ofrecer sacrificios junto con la muchedumbre.
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- Cuando Bernabé y Pablo se enteraron de esto, se rasgaron la ropa y corrieron entre la multitud, y a gritos dijeron:
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- «Amigos, ¿por qué hacen esto? Nosotros somos unos simples mortales, lo mismo que ustedes.
Hemos venido a decirles que se vuelvan al Dios de la vida, al creador del cielo, la tierra y el mar, y de todo lo que hay en ellos, y que se aparten de todo esto, que para nada sirve.
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- En el pasado, Dios permitió que la gente anduviera por sus propios caminos,
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- aunque no dejó de manifestar su poder al enviarnos toda clase de bienes, pues del cielo nos viene la lluvia, que hace fructificar la tierra para nuestro sustento y alegría.»
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- Cuando ellos dijeron esto, casi les fue imposible impedir que la multitud les ofreciera sacrificio.
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- En ese momento llegaron de Antioquía y de Iconio unos judíos que persuadieron a la multitud para que apedreara a Pablo;
después de eso lo arrastraron y lo llevaron fuera de la ciudad, pues creían que estaba muerto.
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- Pero los discípulos lo protegieron, y Pablo se levantó y entró en la ciudad, y al día siguiente salió con Bernabé para Derbe.
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- Después de anunciar el evangelio en aquella ciudad y de hacer muchos discípulos, los dos regresaron a Listra, a Iconio y a Antioquía,
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- y allí infundían ánimo a los discípulos y los alentaban a mantener la fe.
Les decían: «Para entrar en el reino de Dios nos es necesario pasar por muchas tribulaciones.»
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- También nombraron ancianos en cada iglesia, y luego de orar y ayunar los encomendaron al Señor, en quien habían creído.
El regreso a Antioquía de Siria
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- Luego de pasar por Pisidia, llegaron a Panfilia;
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- después predicaron el evangelio en Perge, y se fueron a Atalia;
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- de allí navegaron hasta Antioquía, en donde los habían encomendado a Dios para que hicieran la obra que ya habían cumplido.
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- Cuando llegaron, reunieron a la iglesia y narraron las grandes cosas que Dios había hecho con ellos, y cómo había abierto la puerta de la fe para que los no judíos entraran por ella.
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- Y allí se quedaron mucho tiempo con los discípulos.
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