- Pórtense como hijos de luz
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- Por tanto, imiten a Dios, como hijos amados.
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- Vivan en amor, como también Cristo nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros, como ofrenda y sacrificio a Dios, de aroma fragante.
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- Entre ustedes ni siquiera deben hablar de inmoralidad sexual, ni de avaricia, ni de ninguna otra clase de depravación, pues ustedes son santos.
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- Tampoco digan obscenidades, ni tonterías ni palabras groseras.
Eso no es conveniente. En vez de eso, den gracias a Dios.
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- Ustedes bien saben que ninguno que sea libertino, inmundo, o avaro (es decir, ningún idólatra), tendrá parte en el reino de Cristo y de Dios.
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- Que nadie los engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre aquellos que no lo obedecen.
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- Por tanto, no se junten con esa clase de gente.
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- En otro tiempo, ustedes eran oscuridad;
pero ahora son luz en el Señor. Por tanto, vivan como hijos de luz
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- (porque el fruto del Espíritu se manifiesta en toda bondad, justicia y verdad),
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- y comprueben lo que es agradable al Señor.
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- No tengan nada que ver con las obras infructuosas de las tinieblas;
al contrario, denúncienlas.
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- ¡Hasta vergüenza da hablar de lo que ellos hacen en secreto!
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- Pero cuando todas las cosas son expuestas a la luz, quedan de manifiesto;
porque la luz lo manifiesta todo.
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- Por eso dice:
«Despiértate, tú que duermes. Levántate de entre los muertos, y te alumbrará Cristo.»
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- Por tanto, ¡cuidado con su manera de vivir! No vivan ya como necios, sino como sabios.
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- Aprovechen bien el tiempo, porque los días son malos.
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- No sean, pues, insensatos;
procuren entender cuál es la voluntad del Señor.
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- No se emborrachen con vino, lo cual lleva al desenfreno;
más bien, llénense del Espíritu.
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- Hablen entre ustedes con salmos, himnos y cánticos espirituales;
canten y alaben al Señor con el corazón,
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- y den siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.
La mutua sumisión
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- Cultiven entre ustedes la mutua sumisión, en el temor de Dios.
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- Ustedes, las casadas, honren a sus propios esposos, como honran al Señor;
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- porque el esposo es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador.
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- Así como la iglesia honra a Cristo, así también las casadas deben honrar a sus esposos en todo.
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- Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,
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- para santificarla.
Él la purificó en el lavamiento del agua por la palabra,
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- a fin de presentársela a sí mismo como una iglesia gloriosa, santa e intachable, sin mancha ni arruga ni nada semejante.
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- Así también los esposos deben amar a sus esposas como a su propio cuerpo.
El que ama a su esposa, se ama a sí mismo.
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- Nadie ha odiado jamás a su propio cuerpo, sino que lo sustenta y lo cuida, como lo hace Cristo con la iglesia,
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- porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos.
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- Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán un solo ser.
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- Grande es este misterio;
pero yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia.
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- Por lo demás, cada uno de ustedes ame también a su esposa como a sí mismo;
y ustedes, las esposas, honren a sus esposos.
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