- Profecía acerca del valle de la visión
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- Profecía acerca del valle de la visión.
¿Qué te pasa, que has subido a las azoteas con todos los tuyos?
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- Tú, ciudad turbulenta y alegre, llena de alborotos: tus muertos no murieron a filo de espada, ni cayeron en batalla.
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- Todos tus príncipes huyeron juntos de las flechas;
todos los que estaban dentro de ti fueron atados en grupo cuando intentaban huir.
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- Por eso pido que me dejen llorar amargamente;
no traten de consolarme por la destrucción de la hija de mi pueblo.
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- Porque éste es un día de alboroto, de angustia y de confusión, de parte de Dios, el Señor de los ejércitos.
En el valle de la visión se derriban muros, y se oye clamor por los montes.
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- Elam tomó la aljaba, y carros y jinetes;
Quir preparó el escudo.
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- Tus hermosos valles se llenaron de carros, y gente de a caballo acampó a la entrada de la ciudad.
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- Las defensas de Judá quedaron al descubierto.
Ese día ustedes dirigían la mirada hacia el arsenal en la casa del bosque,
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- y vieron multiplicarse las brechas en la ciudad de David;
recogieron las aguas del estanque inferior,
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- contaron las casas de Jerusalén y las derribaron para reforzar la muralla;
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- hicieron un foso entre los dos muros para el agua del estanque viejo, pero sin la menor consideración para el que lo hizo y le dio forma.
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- Ese día Dios, el Señor de los ejércitos, los convocó al llanto y al lamento, a raparse el cabello y a vestirse de cilicio;
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- pero ustedes prefirieron gozar y divertirse, matar vacas y degollar ovejas, comer carne y beber vino.
Y decían: «Comamos y bebamos, que mañana moriremos.»
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- Por su parte, el Señor de los ejércitos me dijo al oído: «Este pecado no les será perdonado, hasta que hayan muerto.»
Lo ha dicho Dios, el Señor de los ejércitos.
Fin de Sebna y promesa a Eliaquín
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- Así dice Dios, el Señor de los ejércitos:
«Ve a donde está ese tesorero, el mayordomo Sebna, y dile:
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- “¿Qué tienes tú aquí, o a quién tienes aquí, que te has labrado un sepulcro en lo alto? ¿Por qué esculpes para ti una casa en la roca?
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- Mira que el Señor va a llevarte en duro cautiverio, y te cubrirá el rostro;
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- te hará rodar con fuerza, como una rueda por el llano, y así morirás.
¡En eso acabarán tus espléndidos carros, tú que eres la vergüenza de la casa de tu amo!
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- ¡Yo te arrojaré de tu puesto! ¡Yo te destituiré!
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- Y ese mismo día llamaré a mi siervo Eliaquín hijo de Hilcías,
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- y le pondré tus vestiduras;
lo ceñiré con tu cinto y le entregaré tu autoridad; y él será como un padre para los habitantes de Jerusalén y para la casa de Judá.
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- Yo le entregaré la llave de la casa de David.
Lo que él abra, nadie podrá cerrarlo; lo que él cierre, nadie podrá abrirlo.
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- En el lugar donde yo lo ponga quedará firme como un clavo, y será un trono honroso para la casa de su padre.
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- De él penderá toda la honra de la casa de su padre, de sus hijos y sus nietos, y de todos sus parientes menores en importancia.
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- Pero vendrá el día en que ese clavo, que estaba en lugar firme, será removido y destrozado;
se vendrá abajo, y la carga que de él pendía se hará pedazos.”» —Palabra del Señor de los ejércitos.
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