- Las imágenes y el sacerdote de Micaía
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- En los montes de Efraín había un hombre llamado Micaía,
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- que un día le confesó a su madre:
«Esas mil cien monedas de plata que te robaron, de las cuales me hablaste y por las cuales maldijiste al ladrón, yo las tomé y están en mi poder.» Entonces su madre le dijo: «¡Que el Señor te bendiga, hijo mío!»
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- Y cuando Micaía le devolvió las mil cien monedas de plata robados, ella dijo:
«Por ti, hijo mío, voy a consagrar todo este dinero al Señor, para que se haga una imagen tallada, y otra de fundición. Así que te devuelvo el dinero.»
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- Al devolverle Micaía el dinero, su madre tomó doscientas monedas de plata y se las llevó a un fundidor, quien con esa plata talló una imagen y fundió otra, las cuales colocó en casa de Micaía,
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- y ésta se lleno de dioses.
Micaía hizo también un efod y terafines, y consagró como sacerdote a uno de sus hijos.
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- En aquellos tiempos no había rey en Israel, y cada quien hacía lo que le parecía mejor.
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- Un joven levita de Belén era forastero allí.
Era de la tribu de Judá,
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- y había salido de Belén en busca de un lugar para vivir.
En su camino llegó al monte de Efraín, a la casa donde vivía Micaía.
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- Y Micaía le preguntó:
«¿De dónde vienes?» Y el levita le respondió: «Soy de Belén de Judá. Me quedaré a vivir donde encuentre lugar.»
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- Micaía le dijo:
«Quédate en mi casa, y serás para mí padre y sacerdote. Te daré diez monedas de plata al año, más ropa y comida.» El levita aceptó y se quedó,
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- y le agradó vivir con Micaía, porque lo trataba como a uno de sus hijos.
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- Luego, Micaía consagró al joven levita para que pudiera oficiar como sacerdote, y lo instaló en su casa,
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- pues decía: «Con esto, estoy seguro que el Señor me prosperará, pues tengo por sacerdote un levita.»
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