- La verdadera contaminación
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- Ciertos escribas y fariseos de Jerusalén se acercaron entonces a Jesús, y le preguntaron:
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- «¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos? ¡No se lavan las manos cuando comen pan!»
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- Él les respondió: «¿Por qué también ustedes quebrantan el mandamiento de Dios por causa de su tradición?
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- Porque Dios dijo: “Honra a tu padre y a tu madre”;
también: “El que maldiga al padre o a la madre, morirá irremisiblemente”.
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- Pero ustedes dicen: “Cualquiera que diga a su padre o a su madre: ‘Todo aquello con lo que podría ayudarte es mi ofrenda a Dios’,
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- ya no tiene que honrar a su padre o a su madre”.
Y así, por la tradición de ustedes, invalidan el mandamiento de Dios.
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- ¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, cuando dijo:
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- “Este pueblo me honra con los labios,
Pero su corazón está lejos de mí.
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- No tiene sentido que me honren,
si sus enseñanzas son mandamientos humanos.”»
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- Luego, Jesús convocó a la multitud y les dijo: «Escúchenme, y entiendan:
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- Lo que contamina al hombre no es lo que entra por su boca.
Por el contrario, lo que contamina al hombre es lo que sale de su boca.»
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- Entonces sus discípulos se le acercaron y le preguntaron: «¿Sabes que los fariseos se ofendieron cuando oyeron estas palabras?»
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- Él les respondió: «Toda planta que mi Padre celestial no ha plantado, será arrancada de raíz.
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- Déjenlos, pues son ciegos que guían a otros ciegos;
y si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en el hoyo.»
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- Pedro le dijo: «Explícanos esta parábola.»
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- Jesús les dijo: «¿Tampoco ustedes han podido entender?
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- ¿No entienden que todo lo que entra por la boca se va al vientre, y luego se echa en la letrina?
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- Pero lo que sale de la boca, sale del corazón;
y esto es lo que contamina al hombre.
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- Porque del corazón salen los malos deseos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los robos, los falsos testimonios, las blasfemias.
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- Estas cosas son las que contaminan al hombre.
El comer sin lavarse las manos no contamina a nadie.»
La fe de la mujer cananea
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- Cuando Jesús salió de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón.
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- De pronto salió una mujer cananea de aquella región, y a gritos le decía: «¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! ¡A mi hija la atormenta un demonio!»
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- Pero Jesús no le dijo una sola palabra.
Entonces sus discípulos se acercaron a él y le rogaron: «Despídela, pues viene gritando detrás de nosotros.»
- 24
- Él respondió: «Yo no fui enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.»
- 25
- Entonces ella vino, se postró ante él, y le dijo: «¡Señor, ayúdame!»
- 26
- Él le dijo: «No está bien tomar el pan que es de los hijos, y echarlo a los perritos.»
- 27
- Ella respondió: «Cierto, Señor.
Pero aun los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.»
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- Entonces, Jesús le dijo: «¡Ah, mujer, tienes mucha fe! ¡Que se haga contigo tal y como quieres!» Y desde ese mismo instante su hija quedó sana.
Jesús sana a muchos
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- Jesús se fue de allí y llegó a la orilla del lago de Galilea.
Luego, subió al monte y se sentó allí.
- 30
- Mucha gente se le acercó.
Llevaban cojos, ciegos, mudos, mancos, y muchos otros enfermos, y los pusieron a los pies de Jesús, y él los sanó,
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- La multitud se quedaba asombrada, y al ver que los mudos hablaban, los mancos eran sanados, los cojos andaban y los ciegos veían, glorificaban al Dios de Israel.
Alimentación de los cuatro mil
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- Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Esta gente me parte el corazón.
Hace ya tres días que están conmigo, y no tienen qué comer. Y no quisiera enviarlos en ayunas, pues se pueden desmayar en el camino.»
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- Entonces sus discípulos le dijeron: «Y en este lugar tan apartado, ¿de dónde vamos a sacar pan para saciar a una multitud tan grande?»
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- Jesús les preguntó: «¿Cuántos panes tienen ustedes?» Ellos le respondieron: «Siete, y unos cuantos pescaditos.»
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- Entonces mandó que la multitud se recostara en el suelo,
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- luego tomó los siete panes y los pescados, dio gracias, y los partió y dio a sus discípulos, y ellos a la multitud.
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- Todos comieron hasta quedar satisfechos, y de lo que sobró se recogieron siete canastas llenas.
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- Y los que comieron eran cuatro mil hombres, sin contar a las mujeres y los niños.
- 39
- Luego de despedir a la gente, Jesús entró en la barca y se fue a la región de Magdala.
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