- Lo sacrificado a los ídolos
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- En cuanto a lo sacrificado a los ídolos, sabemos que todos tenemos el debido conocimiento.
El conocimiento envanece, pero el amor edifica.
- 2
- Y si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debería saberlo.
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- Pero si alguno ama a Dios, es conocido por él.
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- Acerca, pues, de los alimentos que se sacrifican a los ídolos, sabemos que un ídolo nada es en el mundo, y que no hay más que un Dios.
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- Aunque haya algunos que se llamen dioses, sea en el cielo o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores),
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- para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas y para quien nosotros existimos;
y un Señor, Jesucristo, por medio del cual han sido creadas todas las cosas y por quien nosotros también existimos.
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- Pero no en todos hay este conocimiento, pues algunos, habituados hasta aquí a la idolatría, comen como si el alimento fuera sacrificado a ídolos, y su conciencia, que es débil, se contamina,
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- si bien la vianda no nos hace más aceptos ante Dios, pues ni porque comamos seremos más, ni porque no comamos seremos menos.
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- Pero procurad que esta libertad vuestra no venga a ser tropezadero para los débiles,
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- porque si alguien te ve a ti, que tienes conocimiento, sentado a la mesa en un lugar dedicado a los ídolos, la conciencia de aquél, que es débil, ¿no será estimulada a comer de lo sacrificado a los ídolos?
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- Y así, por tu conocimiento, se perderá el hermano débil por quien Cristo murió.
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- De esta manera, pues, pecando contra los hermanos e hiriendo su débil conciencia, contra Cristo pecáis.
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- Por lo cual, si la comida le es a mi hermano ocasión de caer, no comeré carne jamás, para no poner tropiezo a mi hermano.
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