Amán rinde honores a Mardoqueo

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Aquella misma noche se le fue el sueño al rey, y pidió que le trajeran el libro de las memorias y crónicas y que las leyeran en su presencia.
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Entonces hallaron escrito que Mardoqueo había denunciado el complot de Bigtán y de Teres, dos eunucos del rey, de la guardia de la puerta, que habían planeado matar al rey Asuero.
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Y el rey preguntó:
—¿Qué honra o qué distinción se concedió a Mardoqueo por esto?
Los servidores del rey, sus oficiales, respondieron:
Nada se ha hecho en su favor.
4
Entonces el rey preguntó:
—¿Quién está en el patio?
En aquel momento llegaba Amán al patio exterior de la casa real, para pedirle al rey que ordenara colgar a Mardoqueo en la horca que él le tenía preparada.
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Y los servidores del rey le respondieron:
Amán está en el patio.
—Que entredijo el rey.
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Entró, pues, Amán, y el rey le preguntó:
—¿Qué debe hacerse al hombre a quien el rey quiere honrar?
Amán dijo en su corazón: «¿A quién deseará el rey honrar más que a mí?»
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Respondió, pues, Amán al rey:
Para el hombre cuya honra desea el rey,
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traigan un vestido real que el rey haya usado y un caballo en que el rey haya cabalgado, y pongan en su cabeza una corona real;
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den luego el vestido y el caballo a alguno de los príncipes más nobles del rey, vistan a aquel hombre que el rey desea honrar, llévenlo en el caballo por la plaza de la ciudad y pregonen delante de él: “Así se hará al hombre que el rey desea honrar.”
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Entonces el rey dijo a Amán:
Date prisa, toma el vestido y el caballo, como tú has dicho, y hazlo así con el judío Mardoqueo, que se sienta a la puerta real;
no omitas nada de todo lo que has dicho.
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Amán tomó el vestido y el caballo, vistió a Mardoqueo, lo condujo a caballo por la plaza de la ciudad e hizo pregonar delante de él: «Así se hará al hombre que el rey desea honrar
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Después de esto, Mardoqueo volvió a la puerta real, y Amán se dio prisa para irse a su casa, apesadumbrado y cubierta su cabeza.
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Contó luego Amán a Zeres, su mujer, y a todos sus amigos, cuanto le había acontecido;
sus consejeros y su mujer Zeres le dijeron:
—Si ese Mardoqueo, ante quien has comenzado a declinar, pertenece a la descendencia de los judíos, no lo vencerás, sino que caerás por cierto delante de él.
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Aún estaban ellos hablando con él, cuando los eunucos del rey llegaron apresurados, a fin de llevar a Amán al banquete que Ester había dispuesto.