Saúl trata de matar a David

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Saúl le ordenó a su hijo Jonatán y a sus ayudantes que mataran a David.
Pero como Jonatán lo quería mucho,
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le avisó del peligro que corría:
«¡Cuídate mucho, que mi padre quiere matarte! ¡Escóndete en el campo! Mañana temprano
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yo iré con mi padre cerca del lugar donde estés escondido.
Allí le pediré que no te haga daño, y te haré saber lo que me responda».
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Al día siguiente, Jonatán habló con Saúl en favor de David.
Le dijo:
Padre, no debes hacerle ningún daño a David, pues él tampoco te ha hecho ningún mal.
Por el contrario, te ha servido y sólo ha buscado tu bien.
Pórtate como el rey que eres.
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Recuerda que David arriesgó su vida cuando peleó contra Goliat y lo mató.
Ese día Dios nos ayudó a vencer a los filisteos, y tú mismo estabas muy contento.
¿Cómo es posible que ahora quieras matar a David, si no ha hecho nada malo?
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Cuando Saúl escuchó esto, le dijo a Jonatán:
—Te juro por Dios que no le haré ningún daño a David.
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Entonces Jonatán llamó a David y le contó lo que había hablado con Saúl.
Luego llevó a David con el rey Saúl, y David volvió a servir al rey.
8
Tiempo después hubo otra batalla contra los filisteos, y David salió a pelear contra ellos.
Y de tal manera venció David a los filisteos que salieron corriendo de miedo.
9
Un día, Saúl estaba sentado en su casa, escuchando a David tocar el arpa.
De pronto, un espíritu malo de parte de Dios atacó a Saúl, y como Saúl tenía una lanza en la mano,
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se la arrojó a David con ganas de clavarlo en la pared.
Sin embargo, David logró quitarse a tiempo.
Esa misma noche Saúl intentó de nuevo matar a David, pero David se le volvió a escapar.
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Entonces Saúl ordenó a algunos de sus hombres que rodearan la casa de David y lo mataran por la mañana.
Pero Mical, su esposa, le dijo: «David, huye ahora mismo;
de lo contrario, mañana estarás muerto».
12-13
De inmediato, Mical tomó una estatuilla, le puso pelo de cabra en la cabeza y la cubrió con una capa;
luego la colocó donde David dormía, y sacó a David por una ventana.
Así fue como David pudo escapar.
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Cuando los hombres de Saúl llegaron para apresar a David, Mical les dijo: «David está enfermo».
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Aquellos hombres se regresaron y fueron a decírselo al rey Saúl.
Pero él los envió de vuelta y les dijo: «Tráiganme a David, aunque sea en su cama, porque hoy mismo lo voy a matar».
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Los hombres de Saúl volvieron a la casa de David, pero no encontraron en la cama más que la estatuilla con pelo de cabra en la cabeza.
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Cuando Saúl se enteró de esto, le reclamó a Mical:
—¿Por qué me engañaste? ¿Por qué ayudaste a escapar a mi enemigo?
Y Mical le contestó:
David me amenazó.
Me dijo que si no lo ayudaba a escapar, me mataría.


Saúl persigue a David

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Mientras tanto, David logró escapar.
Cuando llegó a la ciudad de Ramá, le contó a Samuel todo lo que Saúl le había hecho.
Entonces los dos se fueron a un pueblo llamado Naiot, que estaba cerca de la ciudad de Ramá, y allí se quedaron a vivir.
Pero tan pronto como Saúl lo supo,
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envió a un grupo de sus hombres para apresar a David.
Cuando los hombres de Saúl llegaron a ese lugar, se encontraron con que Samuel y un grupo de profetas estaban dando mensajes de parte de Dios.
Entonces el espíritu de Dios tomó control de los enviados de Saúl, y también ellos empezaron a profetizar.
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Saúl se enteró de lo que había pasado, así que envió a otro grupo de sus hombres, y también a ellos les pasó lo mismo.
Saúl envió un tercer grupo, y también ellos se pusieron a profetizar.
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Finalmente, Saúl mismo fue a Ramá.
Cuando llegó al gran pozo que está en Secú, preguntó:
—¿Dónde están Samuel y David?
—En Naiot, cerca de Ramá —le contestaron.
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Saúl se puso en camino hacia Naiot.
Pero el espíritu de Dios vino sobre él, y en todo el camino a Naiot iba profetizando.
24
Cuando llegó a donde estaba Samuel, se quitó toda la ropa, y todo el día y toda la noche se los pasó dando mensajes de parte de Dios.
De allí viene el refrán que dice: «¡Hasta Saúl es profeta