1-2
»Yo soy el Dios todopoderoso;
tú me criticaste y desafiaste,
ahora respóndeme».
3
Y Job le respondió:
4-5
«¿Qué podría responderte
si soy tan poca cosa?
Ya he hablado más de la cuenta,
y no voy a insistir.
Prefiero quedarme callado».
6
Pero Dios le respondió a Job desde la tempestad, y le dijo:
7
«¡Vamos a ver qué tan valiente eres!
Ahora yo voy a hablar,
y tú me vas a escuchar.
8
»¿Tienes que acusarme de injusto
para probar que eres inocente?
9
¿Acaso tu voz y tu poder
se comparan a los míos?
10
Si así es, ¡demuéstralo!
11
No controles tu enojo;
¡humilla a los orgullosos!
12
Fíjate en esos malvados,
y aplástalos donde se encuentren;
13
¡envuélvelos y entiérralos
en la tumba más profunda!
14
Entonces tendré que admitir
que eres lo bastante poderoso
para alcanzar la victoria.
15
»Fíjate en el hipopótamo,
animal parecido a los bueyes,
pues se alimenta de hierba.
A él y a ti los he creado.
16
Toda su fuerza se encuentra
en sus poderosos lomos.
17
Su rabo parece un árbol;
sus músculos son muy fuertes.
18
Sus huesos parecen de bronce;
sus piernas parecen de hierro.
19
Entre los animales que he creado,
él ocupa el primer lugar;
pero yo lo he creado y, si quiero,
puedo quitarle la vida.
20
Se alimenta de hierba del campo,
donde juegan los animales salvajes.
21-22
Se esconde entre los juncos,
y a la sombra de los árboles
se tiende a descansar.
23
Puede beberse un río entero;
¡podría tragarse el río Jordán!
24
¿Quién se le puede enfrentar?
¿Quién se atreve a capturarlo?
¿Quién puede perforarle la nariz?