1
»No puedes pescar un cocodrilo
con un simple anzuelo,
ni atarle la lengua con una cuerda.
2
No puedes perforarle la quijada
ni atarle el hocico.
3
¡Un cocodrilo no va a rogarte
que le tengas compasión,
4
ni va a servirte como esclavo
por el resto de su vida!
5
Tampoco podrás jugar con él
como juegas con los pájaros,
y atarle una cuerda a una pata
para que jueguen tus hijas.
6
No se despedaza un cocodrilo
para venderlo en el mercado;
7
¡las lanzas no le atraviesan
la piel ni la cabeza!
8
Si quieres sujetarlo,
acabarás peleando con él,
y te arrepentirás de hacerlo.
9
No tiene caso que pienses
en llegar a dominarlo;
¡con sólo verlo, caerás desmayado!
10
Si nadie puede con él,
¿quién va a poder conmigo,
que soy el Dios todopoderoso?
11
¡Mío es todo lo que hay
debajo del cielo!
¿Quién me puede pedir cuentas?
12-13
»No olvides que el cocodrilo
tiene patas muy fuertes
una piel impenetrable,
y un cuerpo enorme
que nadie puede dominar.
14
No hay quien se atreva
a abrirle el enorme hocico
para ver sus filosos colmillos.
15-17
Su cuerpo está cubierto
con hileras de pequeños escudos,
que ni el aire dejan pasar.
18
Cuando el cocodrilo resopla,
sus ojos brillan más que el rayo
y que el sol del nuevo día;
19
de su hocico salen
chispas de lumbre y llamas de fuego;
20-21
lanza humo por la nariz
y fuego por la boca;
¡parece una olla puesta al fuego!
¡Un soplo suyo enciende la leña!
22
Es tan fuerte su cuello
que sólo de verlo da miedo;
23
la piel más blanda de su cuerpo
es impenetrable;
24
su pecho es firme como roca
y duro como piedra de molino.
25
Cuando el cocodrilo se sacude,
hasta los más poderosos
tiemblan y echan a correr.
26-29
No hay arma capaz de herirlo,
pues rompe el hierro como paja,
y el bronce como madera podrida;
las flechas no lo penetran,
y las piedras de las hondas
tan sólo le hacen cosquillas;
golpearlo con un martillo
es como golpearlo con una pluma.
30
Cuando se arrastra por el lodo,
abre surcos como el arado;
31
cuando se lanza al fondo del lago,
el agua parece una olla hirviendo,
32
y a su paso va dejando
una estela blanca y brillante.
33
El cocodrilo a nadie le teme,
y no hay animal que se le parezca.
34
Desprecia a los poderosos,
pues es el rey de los monstruos».