Judit se enfrenta a Holofernes

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Cuando Judit terminó de orar al Dios de Israel,
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llamó a su empleada de confianza y bajó al primer piso de su casa.
Allí era donde ella pasaba los sábados y los días de fiesta.
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Judit se quitó la ropa de luto, se bañó y se perfumó.
Luego se peinó, se puso una diadema y se vistió con su mejor vestido, tal como lo hacía cuando aún vivía su marido Manasés.
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Se puso también unas sandalias y muchas joyas.
Quedó tan hermosa que, al verla, cualquier hombre se hubiera enamorado de ella.
5
Por último, Judit llenó una bolsa con harina de cebada, tortas de higos y panes frescos.
Además, agarró un botellón de vino y una botella de aceite.
Todo esto se lo entregó a su empleada para que lo llevara.
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Después de estos preparativos, Judit y su empleada se pusieron en marcha.
Cuando llegaron a la entrada de la ciudad se encontraron con los jefes Ozías, Cabris y Carmis.
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Al ver a Judit tan arreglada y bien vestida, ellos quedaron asombrados de su belleza, y le dijeron:
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—¡Que el Dios de nuestros antepasados te conceda lo que pidas! ¡Que te permita llevar a cabo tus planes, para orgullo de Israel y alegría de los habitantes de Jerusalén!
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Judit adoró a Dios, y luego les dijo:
—Den la orden para que me permitan salir de la ciudad.
Llevaré a cabo todo lo que ustedes acaban de decir.
Enseguida, ellos ordenaron que se abrieran los portones,
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y Judit y su empleada salieron.
Los hombres de la ciudad la siguieron con la mirada, y la vieron bajar por la montaña y atravesar el valle, hasta perderla de vista.
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Cuando Judit y su empleada atravesaban el valle, les salió al paso un grupo de soldados asirios.
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Las detuvieron, y le preguntaron a Judit:
—¿Y tú quién eres? ¿De dónde vienes y a dónde vas?
—Soy hebreacontestó Judit—.
Escapé de Betulia para salvar mi vida, pues dentro de poco ustedes la van a destruir.
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Deseo ver a Holofernes, el comandante general del ejército, pues quiero darle información muy útil.
Yo conozco un camino por el cual el comandante puede llevar a su ejército, y quedarse con toda la región montañosa sin perder un solo soldado.
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Mientras Judit hablaba, los soldados no se cansaban de admirar su belleza.
Entonces le dijeron:
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—El venir a ver al comandante Holofernes te ha salvado la vida.
Sigue adelante hasta llegar a su carpa.
Estos soldados te guiarán hasta allá.
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Cuando estés frente a él, no tengas miedo;
tan sólo repite lo que nos has dicho, y él te tratará bien.
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Entonces eligieron a cien soldados para que acompañaran a Judit y a su empleada hasta la carpa de Holofernes.
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La noticia de la presencia de Judit en el campamento corrió de carpa en carpa.
Así que todos salieron y fueron a verla.
Los soldados la rodearon justo en el momento en que ella se encontraba frente a la carpa de Holofernes, esperando ser recibida.
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Al ver la belleza de Judit, todos se quedaron asombrados.
Tan impresionados estaban que, llenos de admiración, comentaban: «¡Nadie puede menospreciar a un pueblo con mujeres tan bellas! Si dejáramos con vida a un solo israelita, cometeríamos un grave error.
Porque si algunos quedaran con vida, serían capaces de conquistar el mundo por medio de engaños».
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Los guardaespaldas de Holofernes, y los demás oficiales que lo acompañaban, salieron de su carpa y dejaron pasar a Judit.
21
Holofernes estaba descansando en su cama.
Una tela muy fina adornada con oro, esmeraldas y piedras preciosas cubría la cama como un toldo.
22
Cuando le anunciaron a Holofernes que Judit lo estaba esperando, él salió a recibirla.
Sus sirvientes iban adelante alumbrándole el camino con lámparas de plata.
23
Holofernes y sus acompañantes vieron a Judit, y se quedaron admirados de su belleza.
Entonces Judit se arrodilló ante Holofernes en señal de respeto, pero los sirvientes del comandante la ayudaron a levantarse.