Dios es bueno con su pueblo
SALMO 107 (106)


1
¡Alabemos a nuestro Dios!
¡Démosle gracias, porque él es bueno!
¡Dios nunca deja de amarnos!
2
¡Digámoslo nosotros,
pues él nos liberó
del poder de los egipcios!
3
Digámoslo nosotros,
que somos su pueblo,
pueblo que él reunió
de países del norte y del sur,
del este y del oeste.
4
Nuestros abuelos andaban sin rumbo
y por lugares desiertos;
no encontraban el camino
que los llevara a un lugar habitado.
5
Tenían hambre y sed,
y habían perdido la esperanza
de quedar con vida.
6
Llenos de angustia, oraron a Dios,
y él los libró de su aflicción.
7
Los puso en el camino correcto
que los llevaría a un lugar habitado.
8
¡Demos gracias a Dios por su amor,
por todo lo que ha hecho
en favor nuestro!
9
¡Dios calma la sed del sediento,
y el hambre del hambriento!
10
Nuestros abuelos estaban afligidos,
vivían en la esclavitud
y no sabían qué hacer
ni a dónde ir,
11
pues no tomaron en cuenta
los consejos del Dios altísimo
y se rebelaron contra él.
12
Por eso Dios los castigó
con los trabajos más pesados;
tropezaban, y nadie los levantaba.
13
Llenos de angustia, oraron a Dios,
y él los salvó de su aflicción,
14
les mostró el camino a seguir
y los libró de su esclavitud.
15
¡Demos gracias a Dios
por su amor,
por todo lo que ha hecho
en favor nuestro!
16
¡Hizo pedazos las puertas de bronce
y las barras de hierro
que nos tenían prisioneros!
17
Nuestros abuelos fueron tan rebeldes
que se portaron como unos tontos;
sufrieron mucho por su maldad.
18
¡Tan enfermos se pusieron
que al ver la comida vomitaban!
19
Llenos de angustia, oraron a Dios,
y él los salvó de su aflicción;
20
con sólo una orden los sanó.
¡Así los salvó de la muerte!
21
¡Demos gracias a Dios
por su amor,
por todo lo que ha hecho
en favor nuestro!
22
¡Démosle muestras de gratitud,
y presentémosle ofrendas!
¡Anunciemos entre gritos de alegría
las maravillas que ha hecho!
23
Nuestros abuelos compraron barcos
y se ganaron la vida
comerciando en otros países.
24
En alta mar presenciaron
la acción maravillosa de nuestro Dios:
25
Dios dio una orden,
y vino un fuerte viento
que levantaba grandes olas.
26
Cuando se vieron en peligro,
los marineros perdieron el valor;
eran lanzados de arriba abajo,
27
y de nada les servía
ser marineros expertos,
pues se tropezaban y caían
como si estuvieran borrachos.
28
Llenos de angustia, oraron a Dios,
y él los sacó de su aflicción;
29
calmó la furia de la tormenta,
y aplacó las olas del mar.
30
Cuando se calmó la tormenta,
ellos se pusieron muy contentos
y Dios los llevó a su destino.
31
¡Demos gracias a Dios
por su amor,
por todo lo que ha hecho
en favor nuestro!
32
¡Que lo alaben todo el pueblo
y sus gobernantes!
33
Dios convirtió en desiertos
los ríos y los manantiales,
34
pero a la tierra fértil
la convirtió en tierra inútil,
porque los que allí vivían
eran gente muy malvada;
35
en cambio, al desierto
lo convirtió en tierra fértil,
rodeada de lagunas y manantiales.
36
Al pueblo que había pasado hambre,
lo dejó vivir allí,
y ellos construyeron grandes ciudades,
37
sembraron campos,
plantaron viñedos,
y tuvieron muy buenas cosechas.
38
Dios les dio su bendición,
y ellos tuvieron muchos hijos
y sus ganados se multiplicaron.
39
Tiempo después,
los malvados los humillaron
y los hicieron sufrir,
hasta que sólo unos pocos
quedaron con vida.
40
Pero Dios castigó a esos malvados
y los hizo perderse
por desiertos sin caminos.
41
A la gente pobre
Dios la saca de su aflicción
y hace que sus familias
aumenten como sus rebaños.
42
Cuando la gente honrada ve esto,
se llena de alegría;
pero los malvados se quedan callados.
43
Tomen esto en cuenta los sabios,
y pónganse a meditar
en lo mucho que Dios nos ama.