Los dos profetas

1
Luego me dieron una regla de madera para medir, y Dios me dijo:
«Ve y mide mi templo y mi altar, y mira cuántos me están adorando allí.
2
Pero no midas el espacio que hay fuera del templo, porque ese espacio se lo he dado a los que no creen en mí.
Ellos gobernarán sobre Jerusalén durante tres años y medio,
3
y yo enviaré a dos profetas para que anuncien mi verdadero mensaje.
Los enviaré vestidos con ropa áspera, para que anuncien profecías durante esos tres años y medio
4
Estos dos profetas son los dos árboles de olivo y los dos candelabros que están delante de Dios, que es el rey de la tierra.
5
Si alguien trata de hacerles daño, ellos echarán fuego por la boca y quemarán por completo a sus enemigos, hasta matarlos.
6
Ellos tienen poder para hacer que no llueva durante los tres años y medio que profetizarán.
También tienen poder para hacer que el agua se vuelva sangre, y para hacer que la gente de este mundo sufra toda clase de terribles males.
Y pueden hacerlo cuantas veces quieran.
7
Cuando estos dos profetas hayan terminado de anunciar mi verdadero mensaje, el monstruo que sube desde el Abismo profundo peleará contra ellos, y los vencerá y los matará.
8
Sus cuerpos quedarán tirados en la calle principal de la gran ciudad, donde mataron al Señor clavándolo en una cruz.
La gente le ha dado a esa ciudad el nombre simbólico de Sodoma, y también la llaman Egipto.
9
Durante tres días y medio, gente de distintos pueblos, razas, idiomas y países verá sus cadáveres, y no dejará que los entierren.
10
Todo el mundo se alegrará de verlos muertos, y se mandarán regalos unos a otros para celebrar su muerte, porque esos dos profetas eran un terrible sufrimiento para aquella gente.
11
Pero después de esos tres días y medio Dios volvió a darles vida, y ellos se pusieron de pie;
y todas las personas que los vieron tuvieron mucho miedo.
12
Entonces los dos profetas oyeron una voz fuerte, que les decía: «¡Suban aquí
Ellos subieron al cielo en una nube, a la vista de todos sus enemigos.
13
En ese mismo instante hubo un gran terremoto, que destruyó la décima parte de la ciudad, y siete mil personas murieron.
Los sobrevivientes tuvieron mucho miedo y alabaron a Dios, que está en el cielo.
14
Ése fue el segundo desastre, pero el tercero viene pronto.


La séptima trompeta

15
El séptimo ángel tocó su trompeta, y en el cielo se oyeron fuertes voces que decían:
«Nuestro Dios y su Mesías
ya gobiernan sobre todo el mundo,
y reinarán para siempre
16
Y los veinticuatro ancianos que están sentados en sus tronos, delante de Dios, se inclinaron hasta tocar el suelo con la frente y adoraron a Dios,
17
diciendo:
«Señor, Dios todopoderoso,
vives y siempre has vivido.
Gracias porque has demostrado
tu gran poder,
y porque has comenzado a reinar
sobre el mundo.
18
»Los pueblos que no creen en ti,
están enojados,
pero ha llegado el día
en que los castigarás
con todo tu enojo.
»Ese día juzgarás
a todos los que han muerto,
premiarás a los profetas,
tus servidores,
premiarás a todo tu pueblo,
y también a los que te respetan;
no importa si son poderosos,
o humildes;
tú los premiarás
19
Entonces se abrieron las puertas del templo de Dios, que está en el cielo, y dentro del templo podía verse el cofre de su pacto.
Y hubo relámpagos, un resonar de truenos, un fuerte temblor de tierra y una gran lluvia de granizo.