Dios salvará a su pueblo

1-3
Después de esto, vi cuatro ángeles que estaban de pie.
Cada uno de ellos miraba a uno de los cuatro puntos cardinales.
Estaban deteniendo al viento, para que no soplara sobre la tierra, ni sobre el mar, ni sobre los árboles.
Estos cuatro ángeles habían recibido poder para dañar a la tierra y el mar.
Vi también a otro ángel, que venía del oriente, el cual tenía el sello del Dios que vive para siempre.
Con ese mismo sello debía marcar a todos los que pertenecen a Dios, para protegerlos.
Ese ángel les gritó con fuerte voz a los otros cuatro: «¡No dañen la tierra ni el mar, ni los árboles, hasta que hayamos marcado en la frente a los que sirven a nuestro Dios
4-8
Luego oí que se mencionaba a las doce tribus de Israel, es decir, a Judá, a Rubén, a Gad, a Aser, a Neftalí, a Manasés, a Simeón, a Leví, a Isacar, a Zabulón, a José y a Benjamín.
De cada una de las doce tribus fueron marcados doce mil, es decir, un total de ciento cuarenta y cuatro mil.
9
Después de esto vi a mucha gente de todos los países, y de todas las razas, idiomas y pueblos.
¡Eran tantos que nadie los podía contar! Estaban de pie, delante del trono y del Cordero, vestidos con ropas blancas.
En sus manos llevaban ramas de palma,
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y gritaban con fuerte voz:
«Nos ha salvado nuestro Dios,
que está sentado en el trono,
y también el Cordero
11
Todos los ángeles estaban de pie alrededor del trono, y alrededor de los ancianos y de los cuatro seres vivientes.
Ellos se inclinaron delante del trono, hasta tocar el suelo con la frente, y adoraron a Dios
12
diciendo:
«¡Alabemos a nuestro Dios!
¡Así sea!
»Admiremos su fama y sabiduría,
su poder y fortaleza.
Demos a nuestro Dios,
gracias y honor por siempre.
¡Así sea!»
13
Entonces, uno de los ancianos me preguntó:
—¿Quiénes son los que están vestidos de blanco? ¿De dónde vienen?
14
Yo le respondí:
Señor, usted lo sabe.
Y él me dijo:
—Son los que no murieron durante el tiempo de gran sufrimiento que hubo en la tierra.
Ellos confiaron en Dios, y él les perdonó sus pecados por medio de la muerte del Cordero.
15
»Por eso están ahora
delante del trono de Dios,
y día y noche
le sirven en su templo.
»Dios estará con ellos,
y los protegerá.
16
»Ya no tendrán hambre ni sed,
ni los quemará el sol
ni los molestará el calor.
17
»Dios secará todas sus lágrimas,
y los cuidará el Cordero
que está en medio del trono,
así como el pastor
cuida sus ovejas
y las lleva a manantiales
de agua que da vida.