A quién hay que ayudar

1
Haz el bien, pero fíjate a quién,
y así tendrás quien te lo agradezca.
2
Haz el bien a la gente buena,
y tendrás tu recompensa.
Si ellos no te lo pagan,
ya te lo pagará el Dios altísimo.
3
Pero nada bueno recibirás
si te empeñas en hacer lo malo
y dejas de ayudar al pobre.
4-5
Ayuda al que obedece a Dios,
pero no al que hace lo malo,
porque si le das de comer
puede llegar a dominarte,
y por el bien que le hayas hecho
recibirás un doble mal.
6-7
Por lo tanto, ayuda a los buenos
pero no a los malvados,
porque el Dios altísimo los aborrece
y al final les dará su merecido.


Los falsos amigos

8
Cuando todo va bien,
todos dicen ser amigos;
cuando todo va mal,
sabes en verdad quién es amigo.
9
Cuando todo va bien,
sobran los que se dicen amigos;
cuando todo anda mal,
sólo el amigo fiel te acompaña.
10
Nunca confíes en tu enemigo,
porque está lleno de maldad;
¡es como metal oxidado!
11
Hará como que te escucha,
y hasta fingirá humildad,
pero no debes confiar en él,
porque hoy te muestra una cara
y mañana te muestra otra.
12
No dejes que se acerque,
ni lo trates con preferencia,
porque al final te traicionará.
Y entonces te acordarás
de mis advertencias
y con tristeza las entenderás.
13
Si el león muerde al domador,
nadie siente lástima por él.
14
Si te haces amigo de un malvado
y participas en su maldad
nadie sentirá lástima de ti.
15
Por un tiempo dirá que es tu amigo,
pero cuando más lo necesites
no vendrá en tu ayuda.
16
El enemigo te dice cosas bonitas,
pero sólo piensa en traicionarte.
Tal vez llore como un niño,
pero cometerá crimen tras crimen
si se le presenta la ocasión.
17
Cuando te pase algo malo,
tal vez lo veas a tu lado
con la intención de ayudarte,
pero sólo te hará más daño.
18
Entonces mostrará su otra cara,
y entre risas se burlará de ti.