1
Pero Dios lleva la cuenta
de todos los pecados
que comete esa gente vengativa.
2
Perdona a los que te ofenden
y, cuando ores, Dios te perdonará.
3-4
Porque si vives enojado con otros,
y no les tienes compasión,
¿cómo esperas que Dios te perdone?
5
Dios no aceptará tus ofrendas,
si continúas enojado con otros.
6-7
Piensa en el día de tu muerte
y pon ya fin a tus rencores.
Acuérdate de la alianza
que Dios hizo con Israel.
Así que deja de odiar a tu prójimo;
olvídate de las ofensas
y cumple los mandamientos.


Las discusiones y peleas

8-9
No discutas ni pelees.
Quien fácilmente se enoja,
confunde a sus amigos
y divide a quienes viven en paz.
10
La gente terca provoca peleas
como la leña alimenta el fuego.
Mientras más rica y poderosa
más grande es su enojo.
11-12
Si soplas sobre las brasas,
avivas el fuego;
si le echas agua, lo apagas.
Si discutes con violencia,
haces que corra la sangre.
Si no discutes con violencia,
mantienes la paz.
¡Todo depende de ti!


Las malas lenguas

13
Querido jovencito,
maldice a los chismosos,
porque ellos han causado la ruina
de mucha gente de bien.
14
La gente chismosa es un peligro:
destruye grandes ciudades,
derriba casas de gente importante,
y obliga a mucha gente
a ir de una a otra nación.
15
El chisme ha destruido
a muchos matrimonios honrados.
Por culpa de los chismosos
muchas mujeres fieles y trabajadoras
terminaron divorciadas.
16
Quien hace caso de chismes
no vuelve a vivir en paz.
17
Un latigazo deja una marca,
pero un chisme causa grandes destrozos.
18
La espada ha matado a muchos,
pero los chismes han matado a más.
19-20
Es una bendición de Dios
estar a salvo de los chismes;
¡sus cadenas son duras como el bronce
21
y causan una muerte terrible!
22-23
El chisme no tiene poder
sobre la gente buena,
pero ataca, como un león,
y destroza como una pantera,
a los que abandonan a Dios.
24-25
Por lo tanto,
piensa bien lo que dices
y cierra bien la boca.
26
Ten cuidado con lo que dices,
no sea que digas algo indebido
y seas derrotado por tus enemigos.