Deberes de los hijos

1
Queridos jovencitos,
escúchenme y sigan mis consejos,
y Dios los librará del peligro.
2
Dios quiere que los hijos
respeten a sus padres.
3-5
Dios perdona y hace prosperar
a los que obedecen a sus padres;
también escucha sus oraciones
y les concede la alegría
de gozar con sus propios hijos.
6-7
Los que obedecen a sus padres
y reconocen su autoridad,
los hacen vivir tranquilos.
Así cumplen los mandamientos de Dios,
y por eso vivirán muchos años.
8
Obedezcan a sus padres
con sus palabras y sus hechos,
y ellos los bendecirán.
9
Si sus padres los bendicen,
su familia se mantendrá firme;
pero si los maldicen,
acabarán en la ruina.
10
Ustedes serán la burla del pueblo
si sus padres son humillados.
11
Si ustedes respetan a sus padres,
se respetan a sí mismos.
12
Queridos jovencitos,
respeten las canas de sus padres
y cuiden de ellos mientras vivan.
13
Cuando ellos lleguen a viejos
y sus ideas no sean muy claras,
traten de comprenderlos
y no se burlen de ellos
por ser ustedes más jóvenes.
14
Dios jamás se olvida
del que ayuda a sus padres;
Dios toma eso en cuenta
y le perdona sus pecados.
15
Cuando estén afligidos,
Dios se acordará de ustedes
y perdonará sus pecados;
¡hará que desaparezcan
como el hielo bajo el sol!
16
Pero si abandonan a sus padres
y los hacen enojar,
ofenderán a Dios
y se ganarán su castigo.


Hay que ser humilde

17
Queridos jovencitos,
si actúan siempre con humildad,
serán queridos por todos.
18
Aunque sean muy importantes,
deben ser siempre humildes.
Así agradarán a Dios.
19
Abunda la gente orgullosa,
pero sólo a la gente humilde
le confía Dios sus secretos.
20
Grande es el poder de Dios,
y los humildes lo reconocen.


Hay que buscar lo importante

21
No traten de alcanzar
lo que es inalcanzable,
ni traten de comprender
lo que es incomprensible.
22
Más bien, traten de cumplir
con lo que Dios les ha ordenado,
y no se preocupen por saber
lo que Dios guarda en secreto.
23
Dejen ya de preocuparse
por resolver todo misterio.
No tienen fuerzas suficientes,
y ya Dios les ha mostrado
más de lo que pueden entender.
24
Mucha gente se ha perdido
y se ha apartado de Dios
por sus locos pensamientos.
25
Para poder ver la luz,
hacen falta los ojos,
y para llegar a ser sabio
hace falta entendimiento.


No hay que ser terco

26
El terco acaba mal;
al atrevido le espera la muerte.
27
El terco se mete en problemas;
el pecador va de mal en peor.
28
No tiene caso ayudar
al orgulloso en desgracia;
es como un árbol con malas raíces.
29
Pero el que es inteligente
atiende los sabios consejos.


Hay que ser generoso

30
Con agua se apaga el fuego,
y con la ayuda a los pobres
se gana el perdón de Dios.
31
Devuelvan los favores que reciban,
y cuando necesiten ayuda,
no faltará quien los apoye.