Elías

1-3
Después Dios envió a Elías,
un profeta de palabra poderosa.
Dios le ordenó suspender la lluvia,
y por un tiempo no llovió.
También hizo caer tres rayos.
Tanto habían pecado los israelitas
que los hizo pasar hambre,
y a muchos los hizo morir.
4
Elías hizo muchos milagros.
5
A un niño le devolvió la vida,
6-8
también nombró reyes y profetas;
pero a los poderosos los hundió en la ruina.
Escuchó a Dios reprender a reyes
en lo alto del monte Sinaí.
9
Luego Dios se lo llevó al cielo
en un carro de fuego ardiente,
10
pero un día lo hará volver
para calmar el enojo de Dios,
para restablecer a las tribus de Israel,
y para que los padres y los hijos
vuelvan a quererse como antes.
¡Qué felices serán los que vivan
para ver el día de su regreso!
11
¡Qué felices serán también
los que murieron en paz con Dios,
y nosotros los que aún vivamos!


Eliseo

12
Cuando Elías fue llevado al cielo,
Eliseo quedó lleno de su espíritu.
Nunca tembló de miedo ante nadie,
ni siquiera ante reyes y príncipes.
13-14
Para él, nada era difícil.
Mientras vivió hizo muchos milagros,
y aun muerto siguió profetizando.
15
Pero los israelitas no se arrepintieron
ni quisieron dejar de pecar.
Por eso Dios permitió
que fueran expulsados de su país.
16
Sólo unos cuantos quedaron en Judea,
entre los que se encontraba
un jefe de la familia de David.
Algunos de ellos fueron obedientes a Dios,
pero otros cometieron muchos pecados.


Ezequías y el profeta Isaías

17-18
En tiempos del rey Ezequías
llegó Senaquerib, el rey de Asiria,
y con su ejército atacó a Jerusalén.
Antes había enviado
a uno de sus generales,
que con mucho orgullo amenazó
con destruir el templo y la ciudad.
El rey Ezequías mandó que reforzaran
las murallas que rodeaban a Jerusalén,
y ordenó que se hiciera un canal
para que no faltara el agua.
19
La gente tenía mucho miedo;
20
pero oró al Dios misericordioso,
y él los oyó desde el cielo:
¡para salvarlos envió al profeta Isaías!
21
Dios hizo huir a los asirios;
¡el ángel de Dios
los destruyó por completo!
22
Ezequías siguió el ejemplo de David,
pues hizo lo que agrada a Dios,
según las órdenes del profeta Isaías.
Este gran profeta era digno de confianza,
porque Dios se le apareció
y le dio a conocer la verdad.
23
En tiempos de Isaías el sol retrocedió
para prolongar la vida de Ezequías.
24-25
Los israelitas estaban muy tristes,
pero Isaías les dio mucho ánimo
al anunciarles lo que pasaría en el futuro.