Tobías viaja al país de Media

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Tobías me contestó:
Padre mío, haré todo lo que me pides.
2
Pero dime, ¿cómo hago para que Gabael me entregue la plata, si él no me conoce ni yo a él? ¿Qué señal le puedo dar para que me crea y me entregue la plata? ¡Ni siquieracómo llegar a ese país!
3
Yo le dije:
Gabael y yo firmamos un documento, lo partimos en dos y cada uno guardó una parte.
Yo puse mi parte junto con la plata.
¡Hace ya veinte años que la dejé guardada! Ahora, hijo mío, busca a un hombre de confianza que vaya contigo para recuperar esa plata.
Dile que le pagaremos por cada día que dure el viaje.


El ángel Rafael acompaña a Tobías

4
Tobías fue a buscar a alguien que conociera bien el camino y lo llevara al país de Media.
Cuando salió, se encontró con el ángel Rafael, pero Tobías no sabía que era un ángel de Dios.
5
Entonces, Tobías le preguntó:
Joven, ¿de dónde eres?
Y el ángel le respondió:
—Soy israelita, al igual que tú, y estoy buscando trabajo.
Tobías le preguntó:
—¿Sabes cómo llegar al país de Media?
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—¡Por supuesto! —contestó el ángel—.
Conozco bien todos esos caminos.
He ido muchas veces, y me he quedado en la casa de Gabael, un israelita que vive en Ragues, ciudad de ese país.
El viaje de Ecbatana a Ragues se hace en dos días, si es que no se encuentran dificultades en el camino.
Esas dos ciudades están en las montañas.
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Entonces Tobías le dijo:
Joven, necesito que me lleves allá.
Te pagaré lo que me pidas;
sólo déjame ir a decírselo a mi padre.
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Está bien, —respondió el ángel—.
Aquí te espero, pero no tardes.
9
Tobías vino y me dijo:
—Ya encontré a alguien que me acompañe, y además es israelita.
Dile que venga —le dije yo—.
Quiero saber a qué tribu y a qué familia pertenece, para ver si podemos confiar en él.
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Tobías fue a llamarlo, y le dijo:
Joven, mi padre quiere conocerte.
Cuando el ángel entró en la casa, lo saludé primero, y él me contestó:
—¡Qué tengas paz y salud!
Pero yo le contesté:
—¡Qué paz ni qué salud! Estoy tan ciego que ni siquiera puedo ver la luz del sol.
Escucho a la gente, pero no la puedo ver.
Vivo en la oscuridad.
¡Estoy muerto en vida!
—¡No se desespere! —me dijo el ángel Rafael—.
Dios lo sanará pronto.
¡Tenga confianza!
Yo le dije:
—Mi hijo Tobías quiere ir hasta el país de Media, ¿podrías acompañarlo y servirle de guía? Yo te pagaré por tus servicios.
Claro que sí —me respondió—.
He ido muchas veces a ese país, y he recorrido sus cerros y valles;
conozco bien esos caminos.
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Entonces le pregunté:
Dime una cosa, amigo, ¿de qué tribu y de qué familia eres?
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Y el ángel me contestó:
—¿Para qué quieres saber de qué tribu soy?
Le respondí:
Para mí es muy importante saber quién eres y cómo te llamas.
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—Me llamo Azarías —me contestó—, y soy hijo del famoso Ananías, que también es israelita.
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Entonces le dije:
—¡Bienvenido! No te enojes por las preguntas que te hice, porque ahora resulta que tú eres nuestro pariente.
Perteneces a una muy buena familia.
»Conozco muy bien a Ananías y a Natán, los hijos del famoso Semelías.
Acostumbrábamos ir juntos a Jerusalén para adorar, y sé que se han mantenido fieles a Dios.
Son muy buena gente.
¡Sin duda perteneces a una muy buena familia!
15-16
»Si aceptas ir con mi hijo, te pagaré el salario justo por cada día de trabajo, más un pago extra y todo lo que necesites para el viaje.
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El ángel me contestó:
—Yo iré con su hijo;
no se preocupe, porque el camino es seguro.
Regresaremos sanos y salvos, tal como partimos.
Yo exclamé:
—¡Que Dios te bendiga!
Luego llamé a Tobías, y le dije:
Hijo mío, prepara todo para el viaje, y vete con nuestro buen amigo.
Que el Dios del cielo los cuide y los traiga de regreso sanos y salvos.
Que el ángel de Dios los acompañe y los proteja.
Tobías nos besó a mí y a su madre, y emprendió el viaje.
Yo le gritaba: «¡Qué tengas un buen viaje
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Pero su madre, llorando, me reclamó:
—¿Por qué mandaste a mi hijo a ese viaje? ¡Él es todo el apoyo que tenemos y siempre está con nosotros!
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¿De qué nos servirá tener más dinero si perdemos a nuestro hijo?
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¡Con lo que Dios nos da es suficiente para vivir!
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Pero yo la consolé, y le dije:
—¡No te angusties! Nuestro hijo regresará sano y salvo.
Así como lo ves partir, lo verás regresar.
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Mi amor, no te preocupes ni tengas miedo.
Un ángel bueno lo acompañará en todo el camino, y nos lo traerá sano y salvo.
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Entonces ella dejó de llorar.