Contra la idolatría

1
¡Qué tontos son aquellos
que no toman en cuenta a Dios!
Son tan tontos que no ven
todo lo que Dios ha hecho,
ni lo reconocen como el Dios creador.
2
En cambio, reconocieron como dioses
al fuego, al viento y a la suave brisa;
a los mares, a los ríos
y a las estrellas del cielo.
3
Tan bellas les parecieron esas cosas
que las consideraron dioses.
Debieron haber sabido
que más bello y hermoso
es nuestro Dios,
quien hizo todo lo que ellos adoran.
¡Dios es el creador
de todo lo que es bello y hermoso!
4
Si la energía y el poder de todo eso
les causó tanta admiración,
debieron darse cuenta
que mucho más poderoso
es el Dios de Israel quien los creó.
5
Cuando vemos la grandeza
y la belleza de todo lo creado,
tenemos que reconocer
el poder de nuestro Creador.
6
Sin embargo,
no hay que ser tan severos
al juzgar a esas personas;
quizás se perdieron
tratando de encontrar al Dios verdadero.
7
Al ver lo que Dios hizo,
lo encontraron tan hermoso
que esa belleza los engañó;
por eso adoraron todo aquello.
8
Sin embargo, no son inocentes,
9
porque si fueron capaces
de investigar el universo
y de aprender tanto de él,
¿cómo es que no descubrieron
al Creador de todo lo que existe?


El carpintero que fabrica un ídolo

10
¡Qué lástima me dan
los que consideran dioses
a objetos que hicieron ellos mismos!
¡Qué lástima me dan
los que tienen por dioses
a objetos de plata y oro,
a figuras de animales
y a piedras talladas
que no tienen nada de valor!
11
Pongamos como ejemplo al carpintero:
Corta un árbol, le quita la corteza,
trabaja con cuidado la madera
y fabrica una mesa
que presta buen servicio.
12
Si le sobra madera,
la usa como leña para cocinar.
13
Y si le sobra un palo torcido
que está tan lleno de nudos
que no sirve para nada,
en sus ratos libres
se dedica a darle forma,
hasta que hace la figura de un hombre
14
o de un animal asqueroso.
Después rellena los huequitos con masilla
y pinta esa figura de rojo.
15
Luego prepara un lugar en la pared
y allí coloca la figura.
16
El carpintero sabe muy bien
que necesita tener mucho cuidado
para que ese ídolo no se caiga,
pues no puede sostenerse solo
y necesita la ayuda de alguien.
17
Sin embargo,
ese mismo carpintero
no siente la menor vergüenza
de hablarle al ídolo,
y de pedirle por su esposa,
por sus hijos y por su casa.
Es tan tonto
que cuando está enfermo,
le pide ayuda a una figura sin vida.
18
Le pide a un palo muerto
que le conserve la vida.
Le pide protección
a quien tiene que ser protegido,
y espera que un pedazo de madera,
que necesita ser transportado,
sea quien lo acompañe en un viaje.
19
¡A un ídolo de madera,
que no puede usar las manos,
le pide ayuda en sus negocios y trabajos!