1
En su locura, los malvados
se dicen unos a otros:
«Nuestra vida es corta y triste,
todos tenemos que morir.
¡Nadie ha vuelto de la muerte!
2
»Nacimos por casualidad,
y cuando nos llegue la muerte,
nadie se acordará de nosotros.
Nuestro aliento es como el humo;
nuestro pensamiento
es una pequeña chispa
que produce el latir del corazón.
3
Cuando esa chispa se apague,
nuestros cuerpos
se convertirán en polvo
y nuestro aliento
desaparecerá como un soplo.
4
Pasado el tiempo seremos olvidados
y nadie recordará lo que hemos hecho.
La vida pasa como una nube,
que no deja ningún rastro;
se deshace como la neblina
cuando sale el sol.
5
Nuestra vida se va como un suspiro;
la muerte nos llega a todos,
y de ella nadie se salva.
6
»¡Disfrutemos de la vida,
como lo hacen los jóvenes!
7-8
¡Bebamos los mejores vinos,
usemos los más finos perfumes
y disfrutemos de las rosas,
antes que se marchiten!
9
¡No faltemos a nuestras fiestas!
¡Dejemos por todos lados
recuerdos de nuestra alegría!
¡Para eso vinimos a este mundo
10
Los malvados también dicen:
«Maltratemos a los pobres,
no importa que sean honrados;
no tengamos compasión de las viudas,
ni respetemos a la gente anciana.
11
¡Que sea la fuerza nuestra ley,
pues de nada sirve ser débil!
12
»¡La gente buena es un estorbo!
Se opone a todo lo que hacemos;
nos reprende por no obedecer
las enseñanzas de Dios.
No le agrada que despreciemos
la buena educación.
13
Los buenos están orgullosos
de conocer a Dios;
¡hasta se creen hijos de Dios!
14
Rechazan nuestra manera de pensar.
¡Su presencia nos molesta!
15
¡Su vida es muy distinta a la nuestra
y su manera de actuar es diferente!
16
Se apartan de nuestra compañía,
y nos rechazan como si tuviéramos
una terrible enfermedad.
Dicen que los buenos son felices
después de la muerte,
y se sienten muy orgullosos
de tener a Dios por Padre.
17
»A ver si es cierto lo que dicen,
veamos cómo será su muerte.
18
Si realmente son hijos de Dios,
él los ayudará y los librará
de todos sus enemigos.
19
Vamos a insultarlos,
vamos a torturarlos
para ver hasta dónde aguantan.
20
Les daremos una muerte
dolorosa y humillante;
vamos a ver si es verdad
que Dios vendrá en su ayuda».


El error de los malvados

21
Los malvados piensan así,
pero están muy equivocados:
su propia maldad los mantiene ciegos.
22
No pueden entender
los planes de Dios;
no creen que él premia
a la gente buena y obediente.
23
Dios nos hizo semejantes a él,
para que vivamos para siempre.
24
Pero la muerte entró en el mundo
por la envidia del diablo,
y los que pertenecen al diablo
son atrapados por la muerte.