Dios purificará a su pueblo

1-3
»Ese día yo perdonaré a mi pueblo.
Los descendientes de David y los habitantes de Jerusalén siempre encontrarán perdón en mí.
Borraré de la tierra a todos los ídolos, y nunca más serán recordados.
Acabaré también con sus profetas, que hablaban guiados por malos espíritus.
Cuando alguien quiera engañarlos, diciendo que habla de mi parte, sus propios padres lo condenarán a morir, y ellos mismos lo matarán.
Yo soy el Dios todopoderoso, y juro que así se hará.
4-5
»Ese día los profetas se avergonzarán de haber anunciado mensajes falsos, y nunca más volverán a engañar a otros.
En vez de llamarse profetas, dirán que son campesinos y que desde jóvenes han cultivado la tierra.
6
Y si alguien les pregunta por las cicatrices que tienen en las manos, dirán que se cortaron en casa de unos amigos, y no en los cultos de dioses extraños».


Castigo y perdón

7
El Dios todopoderoso afirma:
«¡Despiértate, espada,
y mata a mi rey escogido!
¡Mata a mi mejor amigo!
Así mi pueblo se dispersará
y yo acabaré con sus descendientes.
8-9
»De la gente de este país
morirán dos terceras partes,
y el resto quedará con vida;
pero los castigaré para hacerlos cambiar,
y volverán a obedecerme.
Yo soy el Dios de Israel,
y juro que así será.
»Cuando me llamen, les responderé;
yo los reconoceré como mi pueblo,
y ellos me reconocerán como su Dios».